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domingo, 3 de marzo de 2024

Obras malas que existen

   Saber que será mala la obra que no se hará nunca. Peor, sin embargo, será la que nunca se haga. La que se hace queda, por lo menos, hecha. Será pobre pero existe, como la planta mezquina en la maceta única de mi vecina tullida. Esta planta es su alegría, y a veces también la mía. Lo que escribo, y reconozco que es malo, puede también proporcionar unos momentos de distracción de algo peor a un u otro espíritu afligido o triste. Eso me basta, o no me basta, pero sirve de alguna manera, y así es toda la vida.

[...]

   Releo, lúcido, detenidamente, trecho a trecho, todo cuanto he escrito. y encuentro que todo es vano y más valiera que no lo hubiese hecho. Las cosas conseguidas, esa peor parte de las cosas reales que es el saber que son perecederas. No es esto, sin embargo, lo que siento y me duele en lo que hice, en estos lentos momentos en que lo releo. Lo que me duele es que no ha valido la pena hacerlo, y que el tiempo que he perdido en lo que hice no lo he ganado sino con la ilusión, ahora destruida, de haber valido la pena hacerlo.

   Todo cuanto buscamos, lo buscamos debido a una ambición, pero esa ambición o no se consigue, y somos pobres, o creemos que la hemos conseguido, y somos unos locos ricos.

   Lo que me duele es que lo mejor es malo, y que otro, si lo hubiese, y que yo sueño, lo habría hecho mejor. Todo cuanto hacemos, en el arte o en la vida, es la copia imperfecta de lo que hemos pensado hacer. Desdice, no sólo de la perfección exterior, sino también de la perfección interior; falla, no sólo la regla de lo que debería ser, sino también la regla de lo que creíamos que podía ser. Estamos huecos, no sólo por dentro, sino también por fuera, parias de la anticipación y de la promesa.

   ¡Con qué vigor del alma solitaria hice página sobre página, viviendo sílaba a sílaba la magia falsa, no de lo que escribía, sino de lo que suponía qu escribía! ¡Con qué encantamiento de hechicería irónica me creía poeta de mi prosa, en el momento alado en que ella me nacía, más rápido que los movimientos de la pluma, como un desagravio falaz a los insultos de la vida! Y al final, hoy, releyendo, veo destriparse a mis muñecos, salírseles la paja por los rotos, vaciarse sin haber sido...¹

 

 

¹ Pessoa, Fernando. (1984) Libro del desasosiego. Barcelona: Seix Barral. pp: 248-249


viernes, 23 de febrero de 2024

¿Por qué escribo? 2

Hacer una obra y reconocerla mala después de hecha es una de las tragedias de mi alma. Sobre todo es grande cuando se reconoce que esa obra es la mejor que se podía hacer. Pero al ir a escribir una obra, saber de antemano que tiene que ser imperfecta y fracasada; esto es el máximo de la tortura y de la humillación del espíritu. No sólo de los versos que escribo siento que no me satisfacen, sino que sé que los versos que estoy para escribir tampoco me satisfarán. Lo sé filosóficamente, como carnalmente, por una entrevisión oscura y gladiolada.

¿Por qué escribo entonces? Porque, predicador que soy de la renuncia, no he aprendido todavía a practicarla plenamente. No he aprendido a abdicar de la tendencia al verso y la prosa. Tengo que escribir como cumpliendo un castigo. Y el mayor castigo es el de saber que lo que escribo resulta enteramente fútil, fracasado e inseguro.

De niño, escribía ya versos. Entonces escribía versos muy malos, pero los creía perfectos. Nunca más volveré a sentir el placer falso de producir obra perfecta. Lo que escribo hoy es mucho mejor. Es mejor, incluso, que lo que podrían escribir los mejores. Pero está infinitamente por debajo de lo que yo, no sé por qué, siento que podía —o tal vez que debía— escribir. Lloro por mis versos malos de la infancia como por un niño muerto, un hijo muerto, una última esperanza que desaparece. ¹


¹ Pessoa, Fernando. (1984) Libro del desasosiego. Barcelona: Seix Barral. pp: 185

domingo, 11 de febrero de 2024

¿Por qué escribo?

Me quedo pasmado cuando termino algo. Me quedo pasmado y desolado. Mi instinto de perfección debería inhibirme de acabar; debería inhibirme hasta de dar comienzo. Pero me distraigo. Pero me distraigo y hago. Lo que consigo es un producto, en mí, no de una aplicación de la voluntad, sino de una cesión suya. Comienzo porque no tengo fuerza para pensar; acabo porque no tengo alma para suspender. Este libro es mi cobardía.

[…]

¿Por qué escribo, si no escribo mejor? ¿Pero qué sería de mí si no escribiese lo que consigo escribir, por inferior a mí mismo que sea en ello? Soy un plebeyo de la aspiración, porque, porque intento realizar; no oso el silencio como quien recela de un cuarto oscuro. Soy como los que aprecian la medalla más que el esfuerzo, y disfrutan de la gloria en la pelliza.

Para mí, escribir es despreciarme; pero no puedo dejar de escribir. Escribir es como la droga que me repugna y tomo, el vicio que desprecio y en el que vivo. Hay venenos necesarios, y los hay sutilísimos, como puestos de ingredientes del alma, hierbas cogidas en los rincones de las ruinas de los sueños, amapolas negras encontradas al pie de las sepulturas […], hojas largas de árboles obscenos que agitan las ramas en las márgenes oídas de los ríos infernales del alma.

Escribir, sí, es perderme, pero todos se pierden, porque todo es pérdida. Pero yo me pierdo sin alegría, no como el río en la desembocadura para la que nació desconocido, sino como el lago formado en la playa por la marea alta y cuya agua nunca más regresa al mar.¹


¹ Pessoa, Fernando. (1984) Libro del desasosiego. Barcelona:Seix Barral. pp: 168-169 

miércoles, 8 de marzo de 2017

Juan R.


(...)

‘La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante.
La luna venía saliendo de la tierra, como una llamarada redonda.
-Ya debemos estar llegando a ese pueblo, Ignacio. Tú que llevas las orejas de fuera, fíjate a ver si no oyes ladrar los perros. Acuérdate que nos dijeron que Tonaya estaba detrasito del monte. Y desde qué horas que hemos dejado el monte. Acuérdate, Ignacio.
-Sí, pero no veo rastro de nada.
-Me estoy cansando.
-Bájame.
El viejo se fue reculando hasta encontrarse con el paredón y se recargó allí, sin soltar la carga de sus hombros. Aunque se le doblaban las piernas, no quería sentarse, porque después no hubiera podido levantar el cuerpo de su hijo, al que allá atrás, horas antes, le habían ayudado a echárselo a la espalda. Y así lo había traído desde entonces.
-¿Cómo te sientes?
-Mal.
Hablaba poco. Cada vez menos. En ratos parecía dormir. En ratos parecía tener frío. Temblaba. Sabía cuándo le agarraba a su hijo el temblor por las sacudidas que le daba, y porque los pies se le encajaban en los ijares como espuelas. Luego las manos del hijo, que traía trabadas en su pescuezo, le zarandeaban la cabeza como si fuera una sonaja.
Él apretaba los dientes para no morderse la lengua y cuando acababa aquello le preguntaba:
-¿Te duele mucho?
-Algo -contestaba él.
Primero le había dicho: “Apéame aquí… Déjame aquí… Vete tú solo. Yo te alcanzaré mañana o en cuanto me reponga un poco.” Se lo había dicho como cincuenta veces. Ahora ni siquiera eso decía. Allí estaba la luna. Enfrente de ellos. Una luna grande y colorada que les llenaba de luz los ojos y que estiraba y oscurecía más su sombra sobre la tierra.
-No veo ya por dónde voy -decía él.
Pero nadie le contestaba.
El otro iba allá arriba, todo iluminado por la luna, con su cara descolorida, sin sangre, reflejando una luz opaca. Y él acá abajo.
-¿Me oíste, Ignacio? Te digo que no veo bien.
Y el otro se quedaba callado.
Siguió caminando, a tropezones. Encogía el cuerpo y luego se enderezaba para volver a tropezar de nuevo.
-Éste no es ningún camino. Nos dijeron que detrás del cerro estaba Tonaya. Ya hemos pasado el cerro. Y Tonaya no se ve, ni se oye ningún ruido que nos diga que está cerca. ¿Por qué no quieres decirme qué ves, tú que vas allá arriba, Ignacio?
-Bájame, padre.
-¿Te sientes mal?
-Sí.
-Te llevaré a Tonaya a como dé lugar. Allí encontraré quien te cuide. Dicen que allí hay un doctor. Yo te llevaré con él. Te he traído cargando desde hace horas y no te dejaré tirado aquí para que acaben contigo quienes sean.
Se tambaleó un poco. Dio dos o tres pasos de lado y volvió a enderezarse.
-Te llevaré a Tonaya.
-Bájame.
Su voz se hizo quedita, apenas murmuraba:
-Quiero acostarme un rato.
-Duérmete allí arriba. Al cabo te llevo bien agarrado.
La luna iba subiendo, casi azul, sobre un cielo claro. La cara del viejo, mojada en sudor, se llenó de luz. Escondió los ojos para no mirar de frente, ya que no podía agachar la cabeza agarrotada entre las manos de su hijo.
-Todo esto que hago, no lo hago por usted. Lo hago por su difunta madre. Porque usted fue su hijo. Por eso lo hago. Ella me reconvendría si yo lo hubiera dejado tirado allí, donde lo encontré, y no lo hubiera recogido para llevarlo a que lo curen, como estoy haciéndolo. Es ella la que me da ánimos, no usted. Comenzando porque a usted no le debo más que puras dificultades, puras mortificaciones, puras vergüenzas.
Sudaba al hablar. Pero el viento de la noche le secaba el sudor. Y sobre el sudor seco, volvía a sudar.
-Me derrengaré, pero llegaré con usted a Tonaya, para que le alivien esas heridas que le han hecho. Y estoy seguro de que, en cuanto se sienta usted bien, volverá a sus malos pasos. Eso ya no me importa. Con tal que se vaya lejos, donde yo no vuelva a saber de usted. Con tal de eso… Porque para mí usted ya no es mi hijo. He maldecido la sangre que usted tiene de mí. La parte que a mí me tocaba la he maldecido. He dicho: “¡Que se le pudra en los riñones la sangre que yo le di!” Lo dije desde que supe que usted andaba trajinando por los caminos, viviendo del robo y matando gente… Y gente buena. Y si no, allí está mi compadre Tranquilino. El que lo bautizó a usted. El que le dio su nombre. A él también le tocó la mala suerte de encontrarse con usted. Desde entonces dije: “Ése no puede ser mi hijo.”
-Mira a ver si ya ves algo. O si oyes algo. Tú que puedes hacerlo desde allá arriba, porque yo me siento sordo.
-No veo nada.
-Peor para ti, Ignacio.
-Tengo sed.
-¡Aguántate! Ya debemos estar cerca. Lo que pasa es que ya es muy noche y han de haber apagado la luz en el pueblo. Pero al menos debías de oír si ladran los perros. Haz por oír.
-Dame agua.
-Aquí no hay agua. No hay más que piedras. Aguántate. Y aunque la hubiera, no te bajaría a tomar agua. Nadie me ayudaría a subirte otra vez y yo solo no puedo.
-Tengo mucha sed y mucho sueño.
-Me acuerdo cuando naciste. Así eras entonces. Despertabas con hambre y comías para volver a dormirte. Y tu madre te daba agua, porque ya te habías acabado la leche de ella. No tenías llenadero. Y eras muy rabioso. Nunca pensé que con el tiempo se te fuera a subir aquella rabia a la cabeza… Pero así fue. Tu madre, que descanse en paz, quería que te criaras fuerte. Creía que cuando tú crecieras irías a ser su sostén. No te tuvo más que a ti. El otro hijo que iba a tener la mató. Y tú la hubieras matado otra vez si ella estuviera viva a estas alturas.
Sintió que el hombre aquel que llevaba sobre sus hombros dejó de apretar las rodillas y comenzó a soltar los pies, balanceándolos de un lado para otro. Y le pareció que la cabeza, allá arriba, se sacudía como si sollozara.
Sobre su cabello sintió que caían gruesas gotas, como de lágrimas.
-¿Lloras, Ignacio? Lo hace llorar a usted el recuerdo de su madre, ¿verdad? Pero nunca hizo usted nada por ella. Nos pagó siempre mal. Parece que, en lugar de cariño, le hubiéramos retacado el cuerpo de maldad. ¿Y ya ve? Ahora lo han herido. ¿Qué pasó con sus amigos? Los mataron a todos.
Pero ellos no tenían a nadie. Ellos bien hubieran podido decir: “No tenemos a quién darle nuestra lástima.” ¿Pero usted, Ignacio?
Allí estaba ya el pueblo. Vio brillar los tejados bajo la luz de la luna. Tuvo la impresión de que lo aplastaba el peso de su hijo al sentir que las corvas se le doblaban en el último esfuerzo. Al llegar al primer tejaván se recostó sobre el pretil de la acera y soltó el cuerpo, flojo, como si lo hubieran descoyuntado.
Destrabó difícilmente los dedos con que su hijo había venido sosteniéndose de su cuello y, al quedar libre, oyó cómo por todas partes ladraban los perros.’

(…)

sábado, 16 de julio de 2016

Lev Nikoláievich



este hombre se dedicaba a escribir, bajo un sol xolo abogado, un día me dijo ése ruso era nada más escritor y la literatura es un manifestarse en lo mismo pero en diferente lengua, diferente nombre nada más.


saca el humo y silencio


























miércoles, 18 de mayo de 2016




Nos reunimos locos
para ponernos más
historias en la cabeza
y a la derecha canta el gallo
hasta el final del jardín
en donde fuera
había un muro y una puerta cerrada

poder exhalar
petición no necesaria
cuestión de tiempo es
ponerse grillo contra el government
en este país de gente de rodillas
venden fruta jugosa en la calle
y yo quiero expresar la fiesta
por eso me dejo caer con los perros

de ser locos aprendimos
el disfraz de la caguama
y el verbo revolucionario
siempre de los libros salían como barcos a la deriva
frases que iban adquiriendo sentido
cuartos oscuros en una casa sin luz de un pueblo fantasma
que quedan así por arte ser
un caballo bien alimentado
contradicciones que ayudan a pensar
dejar de hacerlo es el olvido
de ser locos aprendimos
la vida es una canción improvisada

es cotorrear en contra de la estupidez
cambiar de símbolos
darse color
el salario mínimo no alcanza pa’ la finanza
es salir a la calle
y perrear un desmadre bien libro
la cárcel a la vuelta de la librería
tan cerca una de otra
para ver si se atreven.

Somos productos de nuestro tiempo
juntos en la creación de la fiesta
y por eso aprendimos a ladrar
un mundo real jodido
y los años que te gastan la piel
escribimos aprendiendo mientras nos morimos
y viajamos en el tiempo con los ojos
rojos de otro perro que escribió para vivirla

de ser locos nos reunimos
y resultó que unos andaban de viaje
como tallando en un espejo,
para ver lo que se escribe y los ojos del que escribe
y preguntarte si es en serio
¿vas por todo?
accionar
la carne no perpetua
luces en la universidad
nos reunimos de ser locos
lugar mítico de las malas costumbres

hacerlo no basta
fracasar no basta
perro, la vida no alcanza
en el blanco espacio regado por el escritorio.
Dense.
Acábenselo.


jueves, 17 de diciembre de 2015

De clara acción como verbo.



Les voa decir algo. Y esa última declaración será la que escriba en este texto. Después de descubrir el amor es canino camino bajo el sol no piensa, solo hace su existir para dar vida.
Hoy en un día como estos,de noche, ando pedo y drogorado, me encuentro la mente disque concentrada en el concentrado de una planta, aquella hierba lleva el nombre al final "cola" en comercial mente a una lata roja. (pa fumar piedra si quiero pero se acabó)
Ando trincado frente a ustedes, estos perros que me ubican de mente xola.
Hoy me pongo a escribir porque ando loco y supongo todos tenemos nuestra locura y cada quién hace con ella loquera loquefue y loqueserá. Yo sé por razones del ulularte me entienden. Por lo cual solo, este cholo de Xólotl les pide nunca dejar de escribir y leer. Jamas.
Esta es nuestra locura que cura loquera. Y así como ahorita que tiembla. De verdad está temblando mientras les escribo esto, y el mundo entero creerá estoy alucinado.
Pero es la verdad, en serio siento nuestra vida de perros es aguantar el temblor mientras se escribe o se lee o se escribequeselee todo al mismo tiempo todo junto.
No me dispensen, ando loco y ustedes me entienden y yo les entiendo perros.
Para dentro de mí todo este arte es de nosotros hijos de Xólotl. Pero ése es mi alucinaje. Y espero me entiendan, repito.
Esto es una confesión poética por mí mismo que ando loco y tembló nuestra tierra de xal. Donde ustedes me leerán en serio y espero en serie.
Lo único que invoco perros es que nos atrevamos a ladrar entre nosotros. Espero.
 Será como una valentía perfeccionada para un día callar a los que no sepan ladrar y proclamen lo están haciendo.
Les pido
Dispensen mi atrevimiento a la locura de atreverme a enseñarles estas tripas podridas. Como ustedes me las enseñan pero salen
Sin morir de pena, ya que no lo vale. Puedo decir conocí al señor del drogooratodo; me enseñó la loquera es como va, sin cortes al principio creador. Arriba los mineros mientras en este país los dejan morir porque sale mas barata la muerte.
Mientras yo repongo desde mi barrio en guanatos, esta xolada mía, aprendió en tierra sin cerros la vida es de quien valiente de mente se pone a hacer sin importar nada. Nuestras palabras definirán una parte de este mundo humano en un lenguaje definido donde su rey hoy recibió un puñetazo de sus hijos. Español busca tesoros del poder. En el que nosotros vivimos en modernizada culpa.
Mi realidad es tan reciente como yo respiro. Lo demás es fuera de todo, en un lenguaje de dioses, arquitectos del cosmos, interpreto al final, cuando se llega al mundo de los muertos: Enseñar a leer y escribir a la gente de mi raza será el resultado para darle conclusión a la ignorancia, esa sabiduría perdida en la marca registrada del pensar y sólo esto es una parte más del universo. Lo que sobra en lo demás es nuestra locura que cura esta perdición maltratada escrita mente.
Y por eso les pido jauría. Para ordenarnos.
Y
Disculpen a este cholo perro xolo por tener las ganas de leer la culpa de escribir es un remedio.
 al final todo esto para mí es literal literatura. Mañana es otro día en la tierra.y siempre lo será como una
Estrella azul desde otro planeta nos mira de lejos.
 Y al final de todos nosotros la vida seguirá en esta realidad de animales donde el hombre inventa palabras como personas como amigoS.
Aliento de xolo en un cholo sol a luz y nado me mando a la alberca, ahogado pero nadando en el ahogue ahí donde le pido
Dispense la suciedad sociedad.

             

viernes, 3 de julio de 2015

La llegada de los perros

En el último sueño esto es lo que sé,
 José Gorostiza le escribió
una biblia a los perros románticos:
<< Sitiado en la pirámide de cholo, oráculo mítico de la manada,
maniáticos perros hechiceros, prófugos de la cordura
conjuraron todos los proverbios de locura, cotorreo infinito,
muerte inevitable, muerte sin fin.
Detalles, alucinaciones,
e interminables electroshoks
invocaron nueve puertas.
Puertas de muchas máscaras con imágenes de tragedia, vómito, pobreza y cárcel.
Y antes de adentrase a cada una de las puertas,
los perros románticos tuvieron que secarse en el reflejo de ellos mismos
para recibir el naufragio en pleno desierto
mientras la luna desvanecía con sus parpados cualquier oasis.
Afilaron sus colmillos y, decididos,
 sin creer en el futuro de seda que quema con la moral
 los perros se arrojaron hacia sus respectivas puertas
y vieron en la caída todas las maldiciones humanas
en espíritus de locura, enfermedad y catástrofe,
y siguieron cayendo, juntos como manada
 ignorando los bordes de libertad y soledad,
desintegrándose y volviéndose a unir en pedazos de silencio
hasta que la visión crujiente del bautismo
los aterrizó  a todos en una fiesta subterránea
con forma de alcantarilla y música visionaria
proyectando el vuelo de un pájaro o el mismo deseo del sueño.
Entre la verdad, las luces y la sofocación de las masas,
el éxtasis comenzó a mecerlos, los días, los siglos y los héroes
consumiendo bailes incurables de pensamiento perruno.
 Budas de carne y hueso profetizaron años de demencia
por temor a un olvido sin gravedad,
a una tumba convertida en abstinencia.
La ciencia física se desvanecía de la tierra
 cada vez que aclamaban fuerzas ciegas de amor perruno fraternal
hasta llegar a la posibilidad de un arte puro, una breve iluminación.
es el instante de todas las salvaciones metáforicas.
Pero la historia contemporánea no les permitió avanzar
en su campo de exploración perruna cuyo carácter era nada menos que locura.
Cáncer, Religión gritaron los humanistas, reducirlos, en fin, a la obediencia.
Batallas, guerras épicas de slam poético se celebraron.
Y en un ladrido desolador antes del zumbido
 invocaron de broma al Diablo.
Toc-Toc se escuchó en los cielos sin límites
donde sólo se podían vislumbrar
 las puertas con una reparación óptica.
Toc-Toc 'Déjenme entrar' gritó la mismísima voz del Diablo,
irresponsables de su respiración adolorida, guardián de toda maldad
los perros abrieron las puertas, con sacrificio,
 a la forma más extrema de la humanidad.
La mil y un formas de bestialidad se abalanzó en meteorito hacia
los monstruosos fracasos históricos y extendió sus alas antes de estrellarse con
la razón.
Suspendido en un segundo dio origen  a un nuevo drama,
eran voces de insulina que indicaban el sendero
a la antigua ciudad donde nacieron los perros
y siguieron los ecos que confrontaban sus concepciones poéticas
para llegar a casa, al lenguaje,
Abrir, abrir, abrir, los ojos
 a través de puertas dentro de más puertas, y luego a ellos mismos,
los perros románticos>>







jueves, 4 de junio de 2015

Fernando

   Pessoa

quizá porque no lo encontré en español escrito en Internet, y mi celular ya le bailo con su cámara, la neta lo escribo aquí; confieso lo leí todo cholo en un camión a la primera, medio cansado, rebotando me acordé conmigo mismo la conexión con eso de encontrar la palabra 'romántico' y responder que era eso de escribir el Nombre en nuestra jauría, y este perro  portugués solo lo explica; queriendo ordenar los papeles, termina como deus escribiendo ('ése' (supongo)señala que esto de crear es hacer es literatura. o no sé si es porque ando humo y arreglé mis papeles pa ponchar el bosque; no tengo que hacer sino estar cholo y aquí se los reescribo con eso de la palabra romántico en el humo... síntoma que ando lejos y nos se los puedo leer en la cara.

para canes de estos que hacen esquina en mi locura por la adicción literal adicción. o algo así.


leán-se esto a solas .


36. Casi


Ordenar la vida por estanterías en la voluntad y en la acción...
Quiero hacer esto ahora, como siempre quise, con el mismo
      resultado;
 ¡pero qué bien tener el proposito claro, firme sólo en la claridad,
      de hacer algo!

Voy a hacer las maletas a lo Definitivo,
organizar Álvaro de Campos,
y mañana permanecer en lo mismo que anteayer -- un ante-
    ayer que es siempre...

Sonrío del conocimiento anticipado de la nada que seré...
Sonrío al menos; siempre es algo sonreír.

Productos románticos, todos nosostros...
y si no fuésemos productos románticos, a lo mejor no seríamos
     nada.

Así se hace la literatura...
¡Pobrecillos Dioses, así se hace hasta la vida!

Los demás también son románticos,
los demás también no realizan nada, y son ricos y pobres,
los demás también llevan la vida mirando las maletas que ordenar;
los demás también duermen al lado de los papeles medio desordenados,
los demás también soy yo.

Vendedora de la calle cantando tu pregón como un himno inconsciente,
rudecilla dentada en la relojería de la economía política.
madre, presente o futura, de muertos en el descascar de los
     Imperios,
tu voz me llega como una llamada hacia ninguna parte, como
    el silencio de la vida...

Miro desde los papeles que estoy pensando al final no ordenar,
a la ventana por donde no vi a la vendedora que oí por ella,
y mi sonrisa, que todavía no acabó, acaba en mi cerebro en
    metáfisica.

Descreí de todos los dioses ante una escribanía por ordenar
miré de frente todos los destinos por la mera distracción de oír-
    los pregonándose,
y mi cansancio es un viejo barco que se pudre en la playa
   desierta,
y con esta imagen de cualquier otro poeta cierro la escribanía y
   el poema.

Como un dios, no ordené ni la verdad ni la vida.


'Alvaro de Campos'

miércoles, 20 de mayo de 2015

ése

Así entonces, derrepente un día nos pusimos perros y ululamos llegar a un parque. Me acuerdo porque llegué tarde por irme a cagar  Los arboles son pa' los perros pa'mí es regresar al baño de mi casa. El día se oía a silencio ya que no pasaban muchos carros, nos sentamos y no sabiamos que hacer, pero lo sentimos.  el sol lo sabía. Una banca para los primeros en llegar y el pasto para los demás, era como en el jardín de platón o heidegger o nietzche y todos esos filosos que nunca conocieron tonayán.
Pero no era ese jardín, era un parque, y medio me acuerdo de la droga salió humo que me hace recordar que hoy estoy otra vez así de drogado, sin parque, acordándome sin saber cómo, escribir se me salió decir y lo primero en una hoja prestada por el Sr. Sepulveda vomité:

      Ahorita quién soy yo
salgo a la calle y nadie me dice,
puedo emperrarme y pasear.
Mearme en cualquier árbol
hasta quedar satisfecho.
Ser satisfacción
porque me lees
creación crees me distrajo al pasear.
Pero aguas
igual y ando loco
lo que era que yo creo.

Por hoy sólo seré artista de la palabra
cholo tira estrellas que decir expresar
conjuntando locos
perros locos perros oratorios del drogo.
-hoy no soy profundo hasta que profundices-
En este papel ando SolO
Me tomo el uso de la palabra,
 la tomo en las rocas
 o como va, acapela
en ése parque
en el mismo árbol que me meó
mientras manifiesto esta locura
que todos encerramos
y cholo la saco a pasear.

................

creo en el alucin de un solo sol
de literatura
en dioses nacidos en esta
tierra
mi lengua
natal
en piramidal
caída hacia
un astro
un día
del cielo y de la tierra
del todo no visible a lo invencible.

a luz y naciones de alucinaciones
donde
yo no sé escribir  y enseñar a leer
es lo que me ha de ser perro.
Nostra jauria en feliz edad
quemazón dura del tiempo
encerrado hasta soltar el humo.
Hasta bifurcarse en oír ladrar perros
y saber llevamos a casa
la cura
locura.

de guanatos hasta aterrizar en una perlita
 de la ruta a este oeste
espacio sideral
en canes
de nosotros
otro cosmos
                        mexica.



(s)



domingo, 8 de marzo de 2015

Estrategias del tráfico de la trascendencia en la construcción de la identidad

Buscamos concientizar, pensar, reflexionar y actuar; leer, escribir, dialogar y representar; liberar, apasionar y revolucionar: la literatura, la filosofía y el análisis son nuestro origen, medio y fin (la palabra, las ideas y argumentos son nuestras armas, nuestra estrategia, la trinchera que cubre nuestros rostros de los prismas que reflejan el odio de la ciudadela hacia sus ciudadanos, los cuales tras el olvido del sentido de sus actos continúan repitiéndolos eternamente sin saber que hay un escape, que hay posibilidades, que detrás de aquel juego esas reglas se rompen porque nunca existieron en la realidad sino que eran parte de la ficción misma que este juego muestra para ocultar las maravillas de un mundo aparte, de un mundo exterior, prohibido). Si decidimos seguir fingiendo que jugamos es porque necesitamos convencer a los demás jugadores [ocultos bajo el manto de nuestro personaje social] que ese juego ha perdido su razón de ser y que aunque fue divertido por algún momento es hora de detenerlo, de evitar que siga propiciando las enfermedades del terror, del olvido y de la apatía que defienden tras pútridas pandemias la enajenación del ser, la muerte de su existencia tras su desaparición y las fantasías que nos han vendido pero que ya no queremos comprar tras descubrir que no eran lo que nosotros queríamos (y nunca lo fueron). Nuestros primeros simples objetivos son entonces dudar y hacer dudar a otros a través de discursos (textos) escritos, hablados, actuados que puedan impactar cualquier canal perceptivo del receptor. Porque incitando, persuadiendo y convenciendo se llegará a la victoria del ser ante su circunstancia, de la verdad sobre la ignorancia, del recuerdo sobre la amnesia que hoy parece que terminará por censurar nuestra existencia.

Escrito por Aldo Rodrigo González Casillas el 23 de octubre del 2014 (inicialmente escrito sólo como misión para mi y para mis alumnos del taller "La literatura y el Juego"), Nombrado el 8 de marzo del 2015. 

jueves, 5 de marzo de 2015

Camilo

Para ustedes mis perros que soy su perro y la nostra jauría, que cuandoleí esto me temblaron las manitas...
Sin llorar.


viernes, 13 de febrero de 2015

Reflexión tras asistir al taller de poesía de letras hispánicas turno vespertino (No poema)

La poesía agoniza dentro de las aulas. Un puñado de pálidos eunucos y señoritas perfumadas hacen mella en su salud, la desangran día a día.

Inmisericordes e impertérritos le exprimen la substancia de la vida;
despiadados hijos de puta,
lánguidos autistas socorridos por la injusticia humana,

tienen los sueños demasiado claros

No han sufrido lo suficiente
No han amado lo suficiente
No han vivido lo suficiente.

No sé ustedes, pero un ladrido portentoso se está incubando en mi garganta.
Dejémosle alcanzar su  pleno desarrollo dentro de esa áspera crisálida,
llegado el momento se convertirá en un terremoto de carne.

Por ahora, permítanme proponer lo siguiente, perros:

Ella –la poesía- no nos pertenece, pero me duele verla pisoteada por las sucias patas de los filisteos.
Intempestivos entremos al aula y liberémosla

Llevémosla a lupanares condenados, a aquel donde una prostituta joven y rubia habla de las cosas que no logrará jamás.

Porque la poesía necesita dosis de realidad sobrecargada, el negativo de la luminosidad, la luz oscura, la luz en negro: Solombra cegadora.

Hagámosla partícipe de nuestras reuniones en cuartos anónimos, démosle de beber vino barato. Que mire el humo multiforme que escapa de nuestras fauces tremebundas.
Porque su verdadera patria queda cerca de la locura y la desgracia

(En su compañía subiré a la
 parte más alta de mi morada.
Ateridos de hambre y frío
miraremos la luna de la madrugada)

Llevémosla con el vagabundo de los templos y con la niña que vende cigarrillos bajo los semáforos. Porque ella muestra su más bella faz entre el sufrimiento y la miseria


Señores, me iré a dormir con la poesía, voy a calentar mi espíritu con su piel.
Hablaremos de dios y le mostraré un arco de palomas muertas.

Me enseñará a orar y le mostraré un espejo de sangre profanada.

Nos entenderemos, lo sospecho, señores, ella y yo nos entenderemos.
Nos pondremos a oler libros durante horas,
intercambiaremos opiniones sobre las pestañas de la luz y el microscopio incrustado en el iris.

Tocaremos temas políticos, porque a la poesía le gusta hablar de la gente pobre y de la gente rica y generalmente habla en tonos execrables, sardónicos, ignominiosos de los segundos y a veces (pero las menos) también de los primeros.

¡Mienten aquellos que dicen que la poesía no ha de tomar un rol social! ¡Mienten!

No sé si lo hacen por miedo o por comodidad o por una fe desgraciada.
No sé si lo hacen porque la tecnocracia les ha barrido las mentes.

Pregunten a los dos Pablos del país del sur, apóstol y mártir de nuestra tradición.
Pregunten a la mujer que habitó el país de la ausencia, vidente de flores aéreas.
Pregunten al santo que murió de inanición en París bajo aguacero.
A ver qué les responden.

Ha de cantarse al dolor y al crimen, a dios al diablo y a la violencia.
Y exponer a la luz la corrupción y a la niña pobre, violada y muerta por el estado
Y señalar a los poetas que lamen la mierda directamente del culo del establishment.



Señores, me iré a dormir con la poesía, lo digo en serio.
Le daré a beber, en una copa de cristal oscuro, el líquido cálido que ciertas noches surge entre las piernas de las mujeres que no han cumplido veinte años. Y luego la besaré con rabia; con ternura.

Fumaremos nubes y piedras y pastizales. Contemplaremos el vapor y la sangre que surgen del pavimento

Y a la electricidad
y a los gusanos quemadores.
Y el puto infinito si así lo desea


Pero liberémosla; ella sabrá agradecernos: Nos destruirá, o nos hará contemplar por un breve instante la eternidad, o simplemente se irá, así sin más, porque será libre.


Intempestivos entremos a las aulas, demos un gran aullido y liberémosla.

lunes, 9 de febrero de 2015

Homo-caninus

La unión de nuestros conocimientos nos motiva, la revolución cultural es evidente en nuestra generación; de entre los millones de humanos esclavos de otros humanos esclavos del placer, algunos de ellos, mentes libres y apasionadas que escaparon de la prisión de la realidad, han transmutado en perros; se han vuelto perros románticos, perros desquiciados. Lúcidos, con conciencia, racionales, inmorales con la vida, honrados con la muerte.

El desarrollo y la transmisión del conocimiento es pilar de nuestro romance, seguros estamos de que las trasmutaciones homo-caninus se multiplicarán, somos pocos pero somos más que aquellos malditos que nos han puesto correa o nos han pateado, que pretenden domesticarnos. El sistema humano nos está matando.

Libertadores de la vida y la conciencia, así nos identificamos. Creamos arte para expresar esta locura incontenible que sentimos. Salimos a la calle, tomamos el mundo que nos han quitado. Quieren limitar nuestra expresión. Ya comenzó la última revolución.

No tememos a la indiferencia de la Historia, ya hemos sido rechazados de todos modos, en la estepa de la existencia corremos y aullamos, nunca podrán destruir nuestros sentimientos, nuestros pensamientos.



Su control violento sobre nuestras vidas ya no existe. Ahora témannos, la caída del imperio mexicano ha comenzado, su gran mentira ya no resiste. 

domingo, 25 de enero de 2015

Cuál es el fin, la literatura o la vida. La literatura es parte de la vida y la vida parte de la literatura. Pero todo es parte de la locura y de la loquera. Hermanas de la creación.

Parecería que vamos lento porque vamos lejos, nos dijo don Quijote antes de pasarnos el porro. Y todo es rapidez neuronal, rompimiento, invitación.

Un perro romántico vive y muere por el otro.

Si vamos en bicicleta tomamos la rampa. Es la manera de vivir.

Me declaro enemigo de la burocracia, sobre todo de la burocracia del conocimiento.  Es una estupidez generarlo sólo desde la Academia. Véannos, idiotas, sin un grado académico de licenciado encontramos la verdad y la publicamos. El estudio no se limita a las universidades, inhundadas de corrupción y dinosaurios catatónicos. Empirismo y experimentación, y nuestras vidas comprometidas con la locura.

La única institución es la Locura.
El dios es el Diablo.

En la fiesta se revive el pasado, se construyen futuros y el presente es mucho más intenso.

La Amistad, las Mujeres, la Locura y la Fiesta son nuestros instintos de supervivencia en este mundo que le salen grietas y volcanes hasta por debajo de tu casa, donde duermes con los ojos cerrados mientras cargamos la revolución en nuestras panzas. Y se va gestando, y cuando paramos el cambio...

(continuará chavos, que no soy surrealista para andar trabajando a la duermevela)