viernes, 13 de febrero de 2015

Reflexión tras asistir al taller de poesía de letras hispánicas turno vespertino (No poema)

La poesía agoniza dentro de las aulas. Un puñado de pálidos eunucos y señoritas perfumadas hacen mella en su salud, la desangran día a día.

Inmisericordes e impertérritos le exprimen la substancia de la vida;
despiadados hijos de puta,
lánguidos autistas socorridos por la injusticia humana,

tienen los sueños demasiado claros

No han sufrido lo suficiente
No han amado lo suficiente
No han vivido lo suficiente.

No sé ustedes, pero un ladrido portentoso se está incubando en mi garganta.
Dejémosle alcanzar su  pleno desarrollo dentro de esa áspera crisálida,
llegado el momento se convertirá en un terremoto de carne.

Por ahora, permítanme proponer lo siguiente, perros:

Ella –la poesía- no nos pertenece, pero me duele verla pisoteada por las sucias patas de los filisteos.
Intempestivos entremos al aula y liberémosla

Llevémosla a lupanares condenados, a aquel donde una prostituta joven y rubia habla de las cosas que no logrará jamás.

Porque la poesía necesita dosis de realidad sobrecargada, el negativo de la luminosidad, la luz oscura, la luz en negro: Solombra cegadora.

Hagámosla partícipe de nuestras reuniones en cuartos anónimos, démosle de beber vino barato. Que mire el humo multiforme que escapa de nuestras fauces tremebundas.
Porque su verdadera patria queda cerca de la locura y la desgracia

(En su compañía subiré a la
 parte más alta de mi morada.
Ateridos de hambre y frío
miraremos la luna de la madrugada)

Llevémosla con el vagabundo de los templos y con la niña que vende cigarrillos bajo los semáforos. Porque ella muestra su más bella faz entre el sufrimiento y la miseria


Señores, me iré a dormir con la poesía, voy a calentar mi espíritu con su piel.
Hablaremos de dios y le mostraré un arco de palomas muertas.

Me enseñará a orar y le mostraré un espejo de sangre profanada.

Nos entenderemos, lo sospecho, señores, ella y yo nos entenderemos.
Nos pondremos a oler libros durante horas,
intercambiaremos opiniones sobre las pestañas de la luz y el microscopio incrustado en el iris.

Tocaremos temas políticos, porque a la poesía le gusta hablar de la gente pobre y de la gente rica y generalmente habla en tonos execrables, sardónicos, ignominiosos de los segundos y a veces (pero las menos) también de los primeros.

¡Mienten aquellos que dicen que la poesía no ha de tomar un rol social! ¡Mienten!

No sé si lo hacen por miedo o por comodidad o por una fe desgraciada.
No sé si lo hacen porque la tecnocracia les ha barrido las mentes.

Pregunten a los dos Pablos del país del sur, apóstol y mártir de nuestra tradición.
Pregunten a la mujer que habitó el país de la ausencia, vidente de flores aéreas.
Pregunten al santo que murió de inanición en París bajo aguacero.
A ver qué les responden.

Ha de cantarse al dolor y al crimen, a dios al diablo y a la violencia.
Y exponer a la luz la corrupción y a la niña pobre, violada y muerta por el estado
Y señalar a los poetas que lamen la mierda directamente del culo del establishment.



Señores, me iré a dormir con la poesía, lo digo en serio.
Le daré a beber, en una copa de cristal oscuro, el líquido cálido que ciertas noches surge entre las piernas de las mujeres que no han cumplido veinte años. Y luego la besaré con rabia; con ternura.

Fumaremos nubes y piedras y pastizales. Contemplaremos el vapor y la sangre que surgen del pavimento

Y a la electricidad
y a los gusanos quemadores.
Y el puto infinito si así lo desea


Pero liberémosla; ella sabrá agradecernos: Nos destruirá, o nos hará contemplar por un breve instante la eternidad, o simplemente se irá, así sin más, porque será libre.


Intempestivos entremos a las aulas, demos un gran aullido y liberémosla.

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