La poesía
agoniza dentro de las aulas. Un puñado de pálidos eunucos y señoritas perfumadas
hacen mella en su salud, la desangran día a día.
Inmisericordes e
impertérritos le exprimen la substancia de la vida;
despiadados
hijos de puta,
lánguidos
autistas socorridos por la injusticia humana,
tienen
los sueños demasiado claros
No han sufrido
lo suficiente
No han amado lo
suficiente
No han vivido lo
suficiente.
No sé ustedes,
pero un ladrido portentoso se está incubando en mi garganta.
Dejémosle alcanzar
su pleno desarrollo dentro de esa áspera
crisálida,
llegado el
momento se convertirá en un terremoto de carne.
Por ahora,
permítanme proponer lo siguiente, perros:
Ella –la poesía-
no nos pertenece, pero me duele verla pisoteada por las sucias patas de los
filisteos.
Intempestivos
entremos al aula y liberémosla
Llevémosla a
lupanares condenados, a aquel donde una prostituta joven y rubia habla de las
cosas que no logrará jamás.
Porque la poesía
necesita dosis de realidad sobrecargada, el negativo de la luminosidad, la luz
oscura, la luz en negro: Solombra cegadora.
Hagámosla
partícipe de nuestras reuniones en cuartos anónimos, démosle de beber vino
barato. Que mire el humo multiforme que escapa de nuestras fauces tremebundas.
Porque su verdadera
patria queda cerca de la locura y la desgracia
(En su compañía
subiré a la
parte más alta de mi morada.
Ateridos de
hambre y frío
miraremos la
luna de la madrugada)
Llevémosla con
el vagabundo de los templos y con la niña que vende cigarrillos bajo los
semáforos. Porque ella muestra su más bella faz entre el sufrimiento y la
miseria
Señores, me iré
a dormir con la poesía, voy a calentar mi espíritu con su piel.
Hablaremos de
dios y le mostraré un arco de palomas muertas.
Me enseñará a
orar y le mostraré un espejo de sangre profanada.
Nos entenderemos,
lo sospecho, señores, ella y yo nos entenderemos.
Nos pondremos a
oler libros durante horas,
intercambiaremos
opiniones sobre las pestañas de la luz y el microscopio incrustado en el iris.
Tocaremos temas
políticos, porque a la poesía le gusta hablar de la gente pobre y de la gente
rica y generalmente habla en tonos execrables, sardónicos, ignominiosos de los
segundos y a veces (pero las menos) también de los primeros.
¡Mienten
aquellos que dicen que la poesía no ha de tomar un rol social! ¡Mienten!
No sé si lo
hacen por miedo o por comodidad o por una fe desgraciada.
No sé si lo
hacen porque la tecnocracia les ha barrido las mentes.
Pregunten a los
dos Pablos del país del sur, apóstol y mártir de nuestra tradición.
Pregunten a la
mujer que habitó el país de la ausencia, vidente de flores aéreas.
Pregunten al
santo que murió de inanición en París bajo aguacero.
A ver qué les
responden.
Ha de cantarse
al dolor y al crimen, a dios al diablo y a la violencia.
Y exponer a la
luz la corrupción y a la niña pobre, violada y muerta por el estado
Y señalar a los
poetas que lamen la mierda directamente del culo del establishment.
Señores, me iré
a dormir con la poesía, lo digo en serio.
Le daré a beber,
en una copa de cristal oscuro, el líquido cálido que ciertas noches surge entre
las piernas de las mujeres que no han cumplido veinte años. Y luego la besaré
con rabia; con ternura.
Fumaremos nubes
y piedras y pastizales. Contemplaremos el vapor y la sangre que surgen del
pavimento
Y a la electricidad
y a los gusanos
quemadores.
Y el puto
infinito si así lo desea
Pero liberémosla;
ella sabrá agradecernos: Nos destruirá, o nos hará contemplar por un breve instante la
eternidad, o simplemente se irá, así sin más, porque será libre.
Intempestivos
entremos a las aulas, demos un gran aullido y liberémosla.
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