Buscamos concientizar, pensar,
reflexionar y actuar; leer, escribir, dialogar y representar; liberar,
apasionar y revolucionar: la literatura, la filosofía y el análisis son nuestro
origen, medio y fin (la palabra, las ideas y argumentos son nuestras armas,
nuestra estrategia, la trinchera que cubre nuestros rostros de los prismas que
reflejan el odio de la ciudadela hacia sus ciudadanos, los cuales tras el
olvido del sentido de sus actos continúan repitiéndolos eternamente sin saber
que hay un escape, que hay posibilidades, que detrás de aquel juego esas reglas
se rompen porque nunca existieron en la realidad sino que eran parte de la
ficción misma que este juego muestra para ocultar las maravillas de un mundo
aparte, de un mundo exterior, prohibido). Si decidimos seguir fingiendo que
jugamos es porque necesitamos convencer a los demás jugadores [ocultos bajo el
manto de nuestro personaje social] que ese juego ha perdido su razón de ser y
que aunque fue divertido por algún momento es hora de detenerlo, de evitar que
siga propiciando las enfermedades del terror, del olvido y de la apatía que
defienden tras pútridas pandemias la enajenación del ser, la muerte de su
existencia tras su desaparición y las fantasías que nos han vendido pero que ya
no queremos comprar tras descubrir que no eran lo que nosotros queríamos (y
nunca lo fueron). Nuestros primeros simples objetivos son entonces dudar y
hacer dudar a otros a través de discursos (textos) escritos, hablados, actuados
que puedan impactar cualquier canal perceptivo del receptor. Porque incitando,
persuadiendo y convenciendo se llegará a la victoria del ser ante su
circunstancia, de la verdad sobre la ignorancia, del recuerdo sobre la amnesia
que hoy parece que terminará por censurar nuestra existencia.
Escrito por Aldo Rodrigo
González Casillas el 23 de octubre del 2014 (inicialmente escrito sólo como misión para mi y para mis alumnos del taller "La literatura y el Juego"), Nombrado el 8 de marzo del 2015.
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