lunes, 30 de enero de 2017

¿Por cuánto tiempo?

Los perros me exigen que ladre pero a mí se me secó la lengua de andar en el frío, fuera de la jauría, donde la gente no es perro sino cerdo, gallina, burro, pichón, coyote o gato. Y entre tanto ruido incomprensible en un mundo no perruno de valores al revés debo aceptar que me perdí tantas veces perros. Tantas que me duele el hígado y la dignidad de tan inumerables vejaciones a nuestra especie como perros soñadores y a mi persona. Si ya bien sabido era por ustedes que soy de naturaleza mitad perruna y mitad orka ¿Cómo pudieron dejarme a mi suerte en un mundo como ése? Fue entonces que dejé de ser yo y comencé, necesité ser otro, y fui el Sikis, el Jomi, el Maniac, para ocultar a como diera lugar mi origen y el pertenecer a la jauría. Pero siempre fui descubierto y eventualmente echado de esos círculos en donde no valen las palabras, las metáforas ni pintar olores con las letras sino la traición y la lambisconería. Ya inmerso en la total esclavitud no hubo tiempo de leer textos entonces mi espiritu de perro me obligó a leer animales. A todas las especies asquerosas que me rodeaban. Y encontré muchas cosas perros. Historias, poesía y hasta posturas dignas de admirarse. De entre los animales que leí recuerdo al cerdo Bátiz, aterrorizando a todo mundo con sus chillidos guturales y sus colmillos de tiburón, uno se acerba a él y decía oye Bátiz esto o lo otro pero solo para ver como aspiraba fuerte los restos de cocaína de su naríz cada vez que alguien le dirigía la palabra. A él lo despidieron por acoso y ahora gana el doble en un puesto similar en Los cabos. Ser cerdo no debe estar tan mal con toda esa cocaína e inmunidad. También recuerdo al gato Ismael quien me contó su historia de infidelidad con una edecan y como los hermanos de su esposa lo habían atacado y él en legitima defensa arrojó a uno de ellos por las escaleras dejandolo en silla de ruedas y golpeó con un tubo en la nuca al otro mientras éste corría a auxiliar a su hermano. Y que fue a la cárcel pero su papá lo había sacado regalando plumas con oro y que había valido la pena porque su vieja lo había perdonado y la edecan estaba bien chichona. También recuerdo a Ariel el sireno quien no paraba hablar del momento en que sus padres lo corrierion y como vivió en la basura iventando recetas que hacía con los desechos de un restaurante y que vendía afuera de escuelas hasta que se convirtió en cheff y se tatuó en el cuello un versículo de la Biblia del libro de Ezequias que decía: "Volveré de las tinieblas transformado en luz de destrucción para que reconozcas a tu amo y señor".  En fin perros ha sido camino duro pero he vuelto. Sin esperanza, desolado y con unas ganas de ladrar que me da rabia.

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