Hoy, 3 de enero de 2024, fue un día triste, y no por la vida de perro solitario que llevo, que por lo demás me agrada y me hace bien, sino porque el padrino José Agustín salió a decir, con mucho esfuerzo, que pronto iba a colgar los tenis y que su misión en este mundo cruel y en este país agrietado estaba completa. Nadie sabe cuánto tiempo de vida le queda, pero sus perras letras vivirán siempre en mí. Aquí les dejo un fragmento de un texto que acabo de terminar hace unos días en el que se critica el entreguismo y la corrupción de los partidos de derecha:
¿De modo que no te acuerdas? Baja la voz , muchacho, agregó, sin transición, mirando en su derredor; baja la voz porque no sé qué tengo en los ojos que puras orejas de perro veo. Pídete otra cuba, Lucio, que esto es para ponerse a llorar. Pues sí, mhijo, nos invadieron los gringos, rápido y sin dolor. Ni siquiera se alzó un rifle para contenerlos, todo mundo se hizo pendejo. Bueno, bueno, no es cierto. Sí hubo resistencia, sólo que mínima, muy jodida. En las ciudades hubo manifestaciones, pero todas fueron reprimidas durísimo por el mismo gobierno mexicano que era atacado, ¿lo puedes creer? Increíble. Asesinaron a pasto, Lucio. Tlatelolco será mencionado en los años que vienen, como hoy hablamos de Río Blanco y Cananea, pero esto fue peor, aquí han matado al pueblo, eran mujeres y niños, estudiantes, jovencitos de quince años, una muchacha que iba al cine, una criatura en el vientre de su madre, todos barridos, certeramente acribillados por la metralla del Orden y la Justicia Social… Coño, qué memoria me cargo, hacía siglos que no tropezaba con este poema. Bueno. Pues sí, nos invadieron los gringos, según ellos, muy decente, muy democráticamente, vinieron a ayudarnos a instaurar una verdadera democracia después de los mil siglos de PRI, que para esas fechas era considerado por los gringos y por la oligarquía nacional como El Más Abominable Monstruo Comunista, cuando en realidad hace seis años el pinche PRI ya era un gusano adiposo, apestoso, parchado por todas partes. ¿Me puedes creer que quince estados de la República de repente resultaron muy autónomos y federalistas, se declararon neutrales, dejaron pasar las tropas gringas por su territorio, les dieron de comer y les hicieron fiestas? ¿Y toda la bola de culeros que pidieron que México se anexara a Robotlandia? Pérate, pérate, ora te chingas y te llevas el panorama. Llegan los gringos, se instalan en Palacio, por su puesto izan su asquerosa bandera y, antes de irse, hacen una limpia. No fueron nada las matanzas durante las manifestaciones de protesta por la invasión. Qué torturas y matanzas, muchacho, ni en los peores momentos de Argentina llegaron a haber tantos desaparecidos en unos cuantos días. Nos pusieron un gobiernito, el que ahora tenemos, con nuestro presidente muy bien trajeado y un tanto birolo, deliciosamente estrábico ¡Y sigue siendo el PRI! ¡El supuesto PRI volvió a ganar las elecciones especiales que nos recetaron! Por supuesto, se fueron pero dejaron aquí millones de asesores, e industrias al ciento por ciento, con mano de obra regalada, nos tienen agarrados de los huevos, y al parecer estamos condenados a trabajar para ellos hasta quién sabe cuándo. Lograron lo que siempre quisieron: tenernos de surtidores de materias primas a precio de risa y consumidores de todas sus mierdas desnatadas, libres de calorías, a precios de oro. Ahora todo parece normal, ya ves que este pueblo increíble es capaz de que se la metan doblada en cuatro cachos. ¡Aquí lo mismo!, rugió el cantinero. ¹
¹ Agustín, José. (1986) Cerca del fuego. México: Debolsillo. pp 59-61
No hay comentarios:
Publicar un comentario