domingo, 15 de octubre de 2023

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 Mientras allá afuera en algún lugar del ombligo se arma alguna feria, se sale, se festeja una fecha santa, seguro.  A dos cuadras se oye un trocón acelerado hecho la furia, por dentro las bocinas revientan una base instrumental de rap mezclando flautas como de Veracruz, no sé por qué, quizá un necte cultural cualquiera, de aquellos: Uno de los morros en la troca entiende inglés, sabe lo que dice el bato que canta pero no sabe escribir nada y por ende solo es capaz de entablar conversaciones inservibles de vez en cuando, esto le pasaba dado a los nervios que se le salían cuando buscaba comenzar una conversación con quien fuera. Gracias a esa onda, lo ubicaban medio torpe entre la banda, entre sus parnas, pero cuando la misión comenzaba siempre, el solo se ponía traducir en voz alta la letra a su modo, los demás le seguían el rollo del coro:

“Caí topé, caí topé

Rece al señor, rompí la ley

Chingué machín y desquité

Les va a llover,  les va a caer

Caí topé, caí topé

Rece al patrón, cobré cabrón

Me la jugué, me la saqué

Les va a llover, les va a caer”

Y todo acabó mal, rapidito ese día fue el último que los vieron.

    Dime si sí se oyen allá, hasta juárez los perros. Se detuvo un motor afuera. Lo que es ladrar recio de verdad, digo, si ubicas cuando el eco estalla macizo y rebota como con fierro de una a otra ranura. En la pared hay una puerta y ventanas cubiertas de barrotes. Sí así es, llevamos años casi siglos protegiéndonos del mal con barrotes. Simón, quizá alcanzó a ser un ciego o hace varios, pero casi fueron cien años, pues, fueron el producto de un desencuentro ejemplar. El diablo llegó y se subió de la nada a la pieza, con la pieza afilada en una mano y el cohete lleno de plomos en la otra. Y llega ese día que te toca y ni aunque te muevas, te toca a la puerta y bailaste aunque no le abras, se da el pase. Aguas ya ni pegan el oído a la puerta para asegurarse de tu presencia, esa decencia ha desaparecido. Mejor de una vez, arde llamas fuego y ni la vas librar, en serio.

    Aunque uno no quiera de todos modos se viene adentro, bien rico, con el desmadre entre todos para que seamos más y así, llegan las crías salen de la panza chillando porque se escucha chido cuando gime la ruca, lo admiras, te sorprendes, se la compras a la gente que pasea feliz unos momentos en la plaza, te le unes, chingue su madre, serán solo unos cuantos días hasta que cumpla 6570 y ya sean huevudos y trabajar legalmente. Como el diablo también, el tiempo se pasa y se pasaron aquí de veras, se embarraron hasta la cocina del cantón. Mejor fuma que al cabo si ya la vida es más llevada que el mandado, estás tosiendo muy feo, ya no quiero darle. Sí. Te va a doler pero ¿Me va a gustar?

  Claro, pon el ejemplo inhala: si polvo eres en algo te convertirás.  Al final es humo contra humo, gris contra oscuro, llama ladra quema. Repito si oíste al ése allá afuera, con los animales persiguiéndolo, la pierna quebrada, la jauría hambreada, unos aúllan pero no era al revés la historia. Parecía que las cejas le arden atorando la sangre en partículas, encabronadas son las palabras correctas. No recogieron los cuerpos hasta que se hizo azul madrugada el cielo. Cuando pasó la feria le silbaron algunas aves al despedirse, el tener que emigrar a la ciudad. Allá adentro hasta las palomas cobran piso todas deformes.

    Unos cholos pasaron caminando, una jauría les ladra de lejitos y corre tras unos niños que les lanzan naranjas, esos cholos iban bien enfuscados, se suben a la troca, parecen escuincles todos nerviosos porque es la primera vez que el patrón se mocha con la nave; para entonces tienen que cagar antes de salirse por la tangente, de sacar el calibre, cantarse unas líneas bien entrados, en la misión se trata como siempre de acelerar recio, persignarse tumbados y darse la fuga (de oruga) disparar y darle de nuevo. Escape, polvo, plomo corrido por fumar blanco, ya me sé reír sin hacer tanta placa, repite, se da. Chingado, el puto calor, chingado, el diablo nuevamente abrió la puerta antes de cobrar con la sangre, habían puesto protecciones, como si no fueran a salir nunca, como si se fueran a ir sin despedirse, sin escapar después de cobrarles. Escaparon a darse algo de cenar tranquilos.

    Al final es como alucinar, admirar algo del más allá afuera, pensar que Ignacio llegó y la luz era fuego, se bajó de la espalda de la nave con líneas de oro, se bajó del apellido, que al cabo no era de él, era de un hombre que se lo encendió primero, que bajó del agua a ver bien aquello, esa piel de la que se podía incensar, la recordó con odio, cambió el significado del fuego al hacerlo con el gatillo callar para siempre, recordó el copal en misa, como ardió el metal en la esquina de la pipa, tose, lo regaña el bosque, el cristal se le enterró en la uñas. Entonces fue cuando se pararon a comprar el jarabe para los mocos y unos cerillos. Decimos decidió proclamar herencia, decimos decidió oler a petateado, decimos decidió  traer el ojo rojo, hinchado sin dormir parecía sobreviviendo a costa de las fosas que se salvó. Predijo de nuevo, digamos que a veces despierta tranquilo, decimos decide fiarse a ver si él durante algunas noches, como cuando está ya va allá arriba con la sombra trepada a las piedras, sin querer, sin olvidar que lo salvaron cargando, dime, le dijeron, dime tu que traes la cabeza allá arriba con las orejas de fuera, pinche perro, dime a ver si no se oye ladrar a tu raza. Sal hijo de perro (xolo).Oído… olió crujir, hasta me tembló el alma de los huesos, un momento es un respiro solo un instante recio y ya no sabes nada, no me queda ni la voz sino en tus recuerdos. Lástima.

    Mataron al perrito de la carnicería, le pasaron por encima ¿verdad? sí le tronó el cráneo gacho ¿Lo viste? Yo también lo escuché. Lloramos como si él estuviera con los plomos clavados, esos que tronaron por el calor dentro de la nave, iban cantando antes de disparar, puras pendejadas étnicas, la rola seguía tocando ahora dentro del cantón que estalló, según reportó el policía corrupto del rancho.

    Aunque ya, ya estamos acostumbrados -por eso matan bien fácil hoy en diablo- me dicen, así empezó todo este juego, como un alucín, como cuando te sientas y esperas no nos toquen a la puerta sin contestar quién es. Es el mismísimo pinche diablo, cabrón. En silencio se los llevan, los que compran o los que venden, esperamos nomás se asomen y no vean a nadie ya que las ventanas, por fin, tienen barrotes gracias a dios.


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