domingo, 15 de octubre de 2023

Al eclipse o le amo definir el debraye


Antes de empezar. Dejo tirada por aquí una micro-adicción ante la realeza canina del chapopote húmedo. Uno de tantos relatitos imagino dictados por la sangre que escurre contra la pared de la vena soslayando sustancias sobrias y con eso arrancar, darle marcha al cuerpo de paseo por las calles que hacen del barandal unas rondas por rutas familiares. Y una vez que el sol baja intensidad, verse de antemano tomando asiento en la explanada sobre una banca verde donde se llega a la cita frente aquel parquecito donde alguna vez se armaban las retas de futbol. Ahora un lugar de antaño para leer durante una hora o poquito más, cada dos o tres tardes, rolarse.

Claro durante el camino conocido, cerca de casa el topar un cholillo de lejos a veces pasa, una circunstancia a medias ya que al principio ese bato no me vio, entonces decidí seguirle el paso por detrás y saludarlo con una sorpresa medio violenta para asustarlo por ser mi compa, uno más de por aquí.

    El bato se siguió cruzó de esquina a esquina sin voltear a ningún lado, prosiguió de frente sin darse color de mi presencia, cualquiera diría ese pelado es un bato común, un mexica más mal vestido con finta tumbada, mal nombrado: El Brayan. Aprovechó el tiempo para variar para contarme ciertas locuras aquí descritas, dictaduras con severo tono urbano como si quisiera sacarle con eso la verdad a la historia. Loco se puso ese día se le notaba; ni él mismo acataba algún tipo de certeza en razón a su mirada antes de comenzar el siguiente relato:

<<No bato, espérate, es que no entendiste bien, crees ando malilla, pero antes de que te vayas, aguanta mira. >>

    Lo detuve, El Brayan me salió de una esquina camino al chato, lo seguí de a pasito “tún tún” pa’que no me ubicara el sonido y por detrás le piqué una costilla: un gancho medio gacho, karateka a mano firme, espada abierta de carne con huesos, directa con un movimiento cortante, severo y amigable al final que se estrellaba como saludando a la bandera, recto, recio contra su costado.

<<Es que antes de que llegaras venía canica, no lo podía creer, buey, ayer… El vecino de mi nalga la que tiene marido… Me brinque a su azotea, pensé se lo iban a madrear… ya me imagino el morro ha de llevar ya dos días sin dormir ¡jajaja! los ojos  ahora si los ha de traer rojos de cansado. >>

   Después, justo cuando me reconoció le receté un recto con el nudillo majadero directo a la punta del hombro, esa esquinita donde se traba el nervio. Gimió antes de relajarse, antes de que me ubicara y así no sacar el filero contra un posible atraco. Cuando se relajó, empezó a justificar la necesidad de un cigarrillo después de los palos, después del baño. Se carcajeó entonces, y no podía sino detenerme cuando captó que no le entendía, estiró de mi cuerpo con un puño mi playera. Le dije ahí te quedas cabrón loco. Entonces calló, nos detuvimos suspiradamente, prosiguió.

<<Es que yo lo vi así en la azotea pegándose un tirante bien sabroso contra él. ¿Con quién? Contra el mismísimo diablo, señor. ¡Serio! a ver, me va a venir a decir usted que el loco este, mi pinche hijo del mal, tiene cierta razón, a ver, entonces es verdad que un cabrón de rojo, una rata humana, se metió a la casa, por la azotea… El diablo, apá… A ver, tú te me callas, guarda tantito el silencio, cabrón, será entonces un cabrón parecido al diablo. Le dije mire don, yo nomas vi como a su chamaco lo atenazó del cuello, machín, de la camisa lo comenzó a chamusquear hasta la greña, mírele los dedos cómo le quedaron, después de querer detenerle los brazos ya ve,  hasta se chamuscó también el lavadero con ceniza. O sea, me pinche vas a decir ¿qué no se me quemó la azotea de la casa porqué este pendejo se puso a fumar cerca del boiler?. No. ¿No, qué? No se quemó por el boiler, mire está chamuscado pero no tronó, mire el agua, nomás quedó bien, bueno medio negra, pues, cheque la sombra del fogonazo en la pared del lavadero… Fíjese, apá… ¡Se me van directito a la verga los dos! Quieren que les crea con esos rojos, digo, si hasta parecen recién llegados de una albercada, pero si era una rata, entonces le marco a la policía. Para qué, señor, mire a su hijo mire nada más cómo anda, si parece contusionado y torpe natural, con todo respeto, qué le va a decir a la ley. Que les diga se le metió el diablo. ¿Y cacheteó a su hijo menor? vea esos cachetes tienen marcados las uñas, las líneas del rasgue pintadas, colorado sigue el pobre.  Pues… ¡me cago en tu puta madre!, mira cabrón o limpias o no duermes en esta casa hasta acabar de hacerlo, y ¿sabes algo? tienes suerte que este señor no huele a petate, y solo está aquí por la puta de la vecina, un testigo… De ley, apá no le mien… ¿Y cómo era?

  La puta historia más surreal, sin embargo El Brayan nunca contaba semejantes cosas, yo lo ubico bien, lo ubicamos en el barrio por andar suelto. Digo más fácil era confesar “me rolaron la bacha y por no fumar en la calle se trastornó esto en un accidente” pero no.

<<Nombre, bato, de lejos se le notaban unas bermudotas rojas, tumbadotas detenidas por unos tirantes, al pecho negro negro, las manos sin yemas, ardían de veras pensé era un malandro, llevaba un gorro gris con chipotes en las sienes, ese detalle reluce hasta ahora que te lo cuento… me agarró recio, apá, no le mentiría…  se la pasaba llorando, cuando voltee a la azotea vecina, lo tenía bien apañado ese cabrón, como si hubiera salido del humo la neta, digo yo también no estaba del todo consciente, pero se cargaba dentro de los ojos algo, como si hubiera llorado toda la noche, como si el diablo le recordara sus peores pesadillas en ese instante de frente, frenético. >>

    Le seguí el cuento, Pero me dices que lo volteó que lo puso patas arriba.

<<Si, sí. Quién sabe cómo le hizo, yo tardé en reaccionar la verdad, traía los tenis encendidos y se le derritieron cuando resbaló, justo cuando dejaron de tocar el suelo, fue lo que yo vi al momento de cruzar y pasar un sobradito, neta, lo vi, estaban en el suelo forcejeando, ése miserable con un morro encima; los pies le ardían, se le quemaban, y ni él ni yo entendíamos nos quedamos sin poder gritar por andar con el gallo en la boca. >>

 

al eclipse

(pendiente)

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