martes, 12 de septiembre de 2023

Los tiempos de Dios son sincopados


Porque Dios es el mejor baterista de jazz del universo

y somos incapaces de asimilar su tempo —hacerlo nuestro verdaderamente—.

La muerte y el amor, entonces, nos toman por sorpresa.

Pero Dios ríe porque aquí también el error es un acierto. 

 

Incluso los más experimentados ángeles trompetistas

llevan la eterna música de sus cerebros al límite

para poder seguir el milagroso swing de su creador

que es igual al movimiento simultáneo de las órbitas de todas las estrellas.

 

Nos tomará por sorpresa el concierto celestial:

siete ángeles en los siete puntos cardinales de las dimensiones.

Nos tomará por sorpresa y mal parados

el hermoso solo final del apocalipsis.

 

Qué roto, qué quebrado en verdad, el metrónomo de nuestros corazones.

Qué roto, qué quebrado en verdad, el metrónomo de nuestra inteligencia.

Venos escribiendo las palabras de ayer, mañana.

Qué manera de errar cada momento de la vida.

 

Pero qué sencillos los tiempos del Diablo.

Qué maravillosos cuatro cuartos.

Cómo los asimilan fácilmente nuestros corazones —cómo los hacemos en verdad nuestros—.

Qué maravillosas blancas, negras, redondas.

 

Entonces la melancolía comienza a marcarnos los acentos.

Mírame escribiendo las palabras para ayer, mañana.

Resguardando las vestimentas de mi alma luego de la tormenta.

Silbando una melodía tan quebrada, tan en verdad rota, tan falta de armonía.

 

Pero Dios ríe porque aquí también —también aquí— el error es un acierto. 

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