miércoles, 31 de mayo de 2023

Ese cholo vuela

xolo guanato xolo

Será el avenir o unas cuantas cerezas envueltas en una flor morada, los colores se hacen tersos o se aliviana el vítreo que los mantiene frescos, ¿Acaso el ojo ya está rojo, dime?... Hay que librarse de los precipicios, o por lo menos del sentimiento desequilibrado. Se tiene que ejercer un balance primero con la postura del cuerpo, el cupo del pecho, de ahí con el cerebro y las consecuencias delatadas por el ceño; digo al observar 'éso' y sentirlo con 'aquello', supongo, se debe tener una comparación permisible en el peso de su significado, esto por medio de una balanza imaginaria en su justa medida, o en la ración de la razón donde se procura imaginar una herramienta ante la audiencia que se carga la moral y a veces la ética reacción, supongo (de nuevo).

    Existe un espacio y acontece la presencia misma ante algo, ante uno mismo o ante otros ocupados con algo en sí. Ocupas y se detalla la presencia misma en la medida proporcional entre el acontecimiento y sus consecuencias, entonces los platos se cargan de esa situación cualquiera, me parece su peso, sin embargo, nunca se mide entre el espacio de la tierra al plato de la balanza: suponiendo el plato es aquel en el que se sirve la comida, el dinero, el agua y otras esenciales situaciones materiales que deben balancearse para ser bien repartidas, a según de quien es el mejor para repartir sin las culpas obligadas de los testigos. Y luego la historia, una ilusionada en analogías, pienso en los famosos restaurantes griegos que he visitado en este lugar, el Ombligo de la luna, ahí a medio manglar frente a una laguna, la dinámica es fácil: les vale verga, todos se ponen y estrellan platos como si fueran infinitos, como si no existieran las balanzas emocionales, mientras deberían de comer o te sirven la comida es, romper en pedazos de suelo al plato o al revés, como quieran, se rompe es tradición para festejar augurios de felicidad y, por supuesto: la abundancia.

    No obstante casi todo es finito en la realidad descuidada, cuando estás ahí y se interpone una balanza te estrellas ante el destino con tristeza, no disfrutas con éso de ejemplo, la razón cae, se cae recio y los platillos se acaban para algunos, para todos al final materias.

     Así caminábamos entre las capillas hasta llegar a la catedral, pensábamos en voz alta, destruimos al buen ser imaginario entre la gente como perros que ladran en voz baja y carcajada alta. Entonces se detuvo ante unos conocidos. El señor (perro) de los milagros y yo hemos visto a ciertos hombres y mujeres comer de la basura. El platito blanco de hielo seco roto, con el sentimiento más sabroso en su mirada frente a sus boca, era un dogo, aquel que el niño desechó para seguir corriendo frente a la catedral, y mientras las palomas se alzaban espantadas, mira -me dice: requetebién fresca que nos dejaron la panela. Esa que no duró más de 5 segundos en el pavimento, es más viste cómo corrí, me cae fueron solo dos segunditos, hermano. Mira, -me repitió certero, apuntó con la uña rellena de sucio-, ten date un pedacito, mira hasta con pan y un churro al ladito, qué más. Delicioso nos decían sin decir nada, a veces masticando o a veces tragando casi sin usar la mandíbula. Comían a gusto, la verdad entretenidos tronaban los churros gratis y todavía sacudían los deditos para desalojar el azúcar de canelita del dedulce, así se situaban en serio, sin problemas extraídos y conviviendo, plantados con una pose en modo campeón francés medieval mientras se destrababan el bolo alimentario, así nomás medio dedo hasta llegar atrás de las muelas, luego enjuagar con la lengua esas encías libreas, leves, rojitas. "Re-vo-lu-cio-na-ríos" exclamaban sus chalecos punks-parchados.

     Y bueno, así con la nariz ocupada volé, un olor a tierra mojada, pensé, se configura bajo revuelo suspirado, un revelo inesperado, será qué... ellos así, al permitirse estos milagros cada año despuesito de las lluvias, es decir cada que iba a pasar la virgen por las avenidas, acontecen estos milagros, existe entonces una sociedad que se pasa las balanzas estas por los testículos, por la vagina y las axilas peludas en conjunto. En otras palabras todo se puede, todo si quiera menos  integrar ese tema a la plática. El señor de los milagros admirando a los punks -me preguntó- ¿te imaginas a los griegos aquí en medio? todos tendríamos platos finos de sobra para comer basura, pero nadie sabe ubicarse, perro… Le perdí un poco la atención, relataban a cantos aventuras revolucionarias, sus festines detallados cada romería, sus piquitos de cerveza dejada, latas de las cuales a veces caniqueaban las colillas -nos dieron instrucciones-  Así we, sin batir sin emocionarse del peso, levántala leve antes de inclinar el labio, ves, te dije, así no pega el cenizaso.

Fácil dese, mire, perro está heladita.

        Claro que llevaban sus vasos, cortados de una botella de refresco claro, del refresco sin color 'pa’no discriminar' y a veces filtraban el agua de frutas pa dejar la pura horchata, ya que la fruta da diarrea más seguro. 'Y si quieren, a los policías les digo que es gasolina con guanábana' entre otro ensartados comentarios más adecuados durante esa noche. Un encuentro afortunado, por él jamás volví a dudar de esta tierra. 

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