Y
fue para entonces que me volvió a dar asco que me encerré en el cerebro otra
vez y tuve que controlar algo, una particularidad del todo, aquello
comencé a dosificar y me dije que nunca en mi vida volveré a caer en las
trampas de las que me habló el señor de los milagros, con sus rayos
versificadores, ni nada, nada eso, yo no soy uno de esos, no soy poeta ni seré
para nadie.
Reconozco el perro camino que me
corresponde y a veces escucho imaginar el de los demás cholos con los que
escribo desde que el diablo se nos demostró en la punta de la pirámide. Les
mostré todo y cada uno de esos mapas venideros en el cerebro desquiciado. Los
asimilaron como si no me escucharan como si no tuviera razón e hicieron lo
correcto. Aunque uno prediga todo estaba muriendo, nadie se equivocará.
Recuerdo al día siguiente, bien crudo, rellené una hoja en blanco con estrellas
y sendas repetidas todas como los tazos donde decía, que ya no podía que ya no
ya no ya no ya no
Puedo
escribir así porque me da asco y a veces culpo a la luna.
pero
la historia continuará en estos días, enfermos, pero continuará, ya que el año
este del doble 20 empezó con un perro romántico y el señor del drogoratorio. yo
me esfumo pero volveré en un rato...
Por ahí del comienzo de un año que bien sé un día olvidaré, fue
que comenzó la razón a decirme de forma aleatoria, ya que por tener alas la
imagino volar el consciente, que replicó con mi boca: el sol entonces es el
silencio, ese es lo que esperamos renazca cada día en algún horizonte cercano,
él es esa luz no imaginaria que hace todos sientan algo de energía, es un
potencial destructor de todo si deja de existir al explotar para dejar todo en
silencio. Este sol entonces figura aquel silencio que pide el esfuerzo contra
la gravedad, el sudor para que el viento cumpla el cometido de un momento
agradable sobre la tierra, satisfecho es la resopla del alma sentida entre la
piel remojada y la tela de algún esfuerzo que implica salir. ¿Y de noche? qué
te parece, resentir un poco de miedo en los ojos que se esconden al dejar de
parpadear: admiración por las estrellas que brillan apareciendo. Supongo a veces
el sol espera a que guardes silencio mientras laboras para que cuando llegue la
luna, hables tan libre como si nadie te estuviera observando, respingues o
hagas muecas que el corazón desprende para preparar el descanso del cuerpo,
reces a ella su luz blanca un momento de fe para no percibir tanto el miedo,
ése mismo a que tal vez esa noche sea, la particular, aquella que permanecerá
para siempre, la maldita que hizo no volver a ver bien, a no volver asentir una
transformación de cerca como la del sol nuevo, o el que se fue, el que si no
regresa para siempre nos chingamos, el miedo para siempre de sentir aquí
adentro como es quedarse afuera, allá tan afuera de esta nave y su gravedad.
Sentirse de noche para siempre sería poder salirse y andar por el resto del
infinito oscuro con seguridad sin oxígeno o alguna metáfora ideal para explicar
lo que no merece ni un suspiro porque andar fuera de un planeta significa
flotar ahí donde no hay nada para dar. La reflexión espacial son los ojos
cerrados de Dante antes de encontrarse en la entrada del infierno, la luz del
fuego es la herramienta sagrada de esos dioses, un hijo del rayo supo como un
verbo que nos reproduce recrea un mundo dentro de sí mismo, para entonces
flotar sin salirse de la nave, aterrizar en los que supuestamente le conceden
ese deseo.
Supongo...
y me siento mejor nuevamente bajo el sol, y me resguardo en.
Repito, soy un hereje entonces, ya que me siento bajo el sol, me
siento pensar bajo sus rayos cuando debería estar trabajando, en realidad estar
ocupado en un oficio obrando de alguna forma física al provecho de vivir.
Hablarse en silencio requiere someter la palabra llamada cuerpo y saberse
ubicar en una estrella vista desde otro planeta, en silencio significa algo tan
común la energía en movimiento, que puedo alucinar tenemos un cerebro que hace
funcionar otro gran cerebro afuera de todo y dentro de nada, palabras mal
acomodadas como las nubes en forma de ese día conejo. Cierro los ojos y doy
unos pasos hacia un techo y debajo me siento de noche con su sombra, los abro y
la luz con nada más que mostrar sino un muro, tiene repetida la palabra
energía, la energía durante el día no sirve para pensar, la energía de día no
sirve, la energía de día no es tuya, la energía es; que es que tengo que
esperar hasta la noche, ahí donde se permiten los sueños, donde el cuerpo
amerita sentir salirse con la suya y cerrarlo todo seguro para hablarse consigo
de infinitas partículas comunes; hasta ya sea enterrarse o elevarse hasta otro
supuesto universal, un lugar en los sueños puede significar otro camino que el
sol de mañana dictará. Por eso es preciso que regrese, por eso es precioso un
amanecer. Sin embargo me relajo, sostengo la cabeza frente a esta
pirámide redonda y regreso a la tierra, modificada desde mi sangre, el poder de
un mago chocolate en mi pecho, de un pequeño ser fungi que me permite el honor
de una conexión agradable, de un deslindarse de mis semejantes. Quito los
brazos de mi frente ya que estoy recostado, reparo mi vista, vuelvo la cabeza
para ver al señor, al mismisimo señor del drogoratorio. El perro señor está
sostenido con su cabeza, el señor está reposando su elevación con la cabeza en
el suelo y los pies al cielo, esto es algo fenomenal, (el (xolo) señor sabe
traer el drogoratorio y solo aquel como él i que lo conoce, ubica, siendo pocos
estos perros que se lo sabemos admirar...)a lo que solo pude responder en voz
alta no se esté pasando de chorizo, señor, usted ya se pasó de chorizo
ya lo ubiqué. Y me volví a acostar en el pastito, me retorcí pero ya
estábamos puestos.
Repetí
dentro de mí sonriendo, este viaje ya empezó, ya no hay vuelta atrás, ya le
bailamos por favor agárrenme que está temblando la sangre mientras miro se
acerca un grupo guiado del sitio arqueológico, una bocina tocaba un tambor con
las flautas que simulan el viento.
'Parecían unos perros bien retorcidos esos morros bajo ese árbol,
Mira hijo se quedaron dormidos frente a la pirámide redonda como perros esos
pelmazos, Mira nomás el nivelazo de estos perros weyes que vienen a hacer yoga
en año nuevo, No mames dios mio, No vayas a dejar que fumen agusto, les mandas
al mai que les eche un ocho'. Y estoy seguro cualquier otra persona reclamaría
hacemos esto por drogadictos, por perder el tiempo, y la verdad, la mera verdad
tienen toda la razón, aunque lo que más nos sobra es la dicción exacta para
estos instantes de convivio elevado, de inspiración ancestral sin rumbo y sin
respeto, la verdad no sabemos porque lo hacemos pero es algo que podemos hacer
como concebir lo que ni se crea ni se destruye solo nos deforma; elevamos
nuestra naturaleza a una inspiración única, tan concebible como nuestra
habilidad para escribir. Pero a ellos a todos los demás no les importa, a los
perros no sé si quiera como decirles todo lo que me acaba de pasar, ya que si
lo hiciera me juzgarán de loco, a pesar de que ellos se ponen más locos que yo,
ellos sí dicen saber lo que hacen con sus palabras.
No
estoy perdido, pero no sé hasta dónde llegar aquí con los ojos cerrados, hace
poco deformé una situación y le puse un muro enfrente, hace dos segundo volví a
recostarme mientras los perros sufren del ritual habitual de la elevación más
sana en el mundo. Regreso a cierta cordura y escucho las voces de estos perros,
la mirada deforma alrededor cuando comienza a respirar, cuando el mago te da
derecho de formar ver al conejo en las nubes, el sol nos escucha porque quizá
admiramos su secreto y los compartimos rindiéndole gratitud en uno de sus
santuarios.
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