miércoles, 1 de abril de 2020

Hay otro lugar




Porque viene de nuevo este vacío
y quién sabe si un día
no se volverá la realidad toda.

¿Quién es quien remueve
la materia lumínica que a mi pecho colmaba?
Tengo una polilla
volando en la oquedad de mi cuerpo.

El sonido de un pequeño ventilador
escondió para siempre la música de las esferas.
Y una pequeña luz blanca, como una puerta de la locura,
es ahora el sol o lo que más se le parece.

El mundo se vuelve un lugar aburrido e incómodo,
el mar es un lugar lejano repleto de extranjeros ricos,
las personas tienen poco que decir y no quiero escucharlas.

Hay otro lugar al que volveré un día,
allí el pasto se dobla al peso de mis pensamientos,
mientras tomo fotografías a pájaros negros gigantes
que descansan sobre los techos de las viviendas pobres.

Hay otro lugar al que volveré pronto,
donde mis palabras son luciérnagas y cigarras
(y no este estúpido balbuceo ininteligible).

Un niño corre a mi lado bajo la sombra de los aterciopelados árboles.
Un arroyo cristalino coloca piedras rosadas entre mis cabellos.

Hay otro lugar, un lugar verde,
en el que camino junto a mi madre y mi abuela.
Y los tres somos niños y cantamos y reímos.
Y cuidamos solemnemente
la nube preñada de presagios luminosos 
que Dios colocó dentro de nuestros corazones.

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