Y míranos xolo ahí andábamos viendo una despedida al sol, sentados en el
desierto de zacatecas estuvimos elevando la vista y las tardes por ende cambiaron
para siempre. Para siempre desde entonces nos agarramos despidiendo el sol como
una manda para satisfacer la existencia de maneras serenas, de maneras elevadas
como posicionar la mirada hacia los astros
sin perder la cordura. Aunque eso es una idea que proviene de los seres
que estuvieron antes de ser destruidos, costumbres que nos acarician partes del
nombre que cargamos como unos desconocidos en la sangre para admirar despegarse
de ese fundamento. El desprendimiento de ser lo que supones por nacimiento, el líquido
que se desprende de los abuelos cuando los pones a hervir, cuando de repente entiendes
las figuras del venado en un cactus y puede que se descubra algo que se va a
desprender, aquello de la estructura tan enfática en conmemorar un apellido que
significa perteneciste a un hombre conquistador.
Sin embargo existimos en
conjunto y proclamamos conmemoraciones a días como el de la conquista y ciertos
actos de religión sujetos a las actitudes más normalizadas de una época, sin
escape, con dinero anqué sea poco se tiene que gastar, me dijiste ¿te acuerdas?
Te acuerdas, xolo, que estábamos parados sobre una duna del desierto y no
alcazaba yo a percibirte pero me susurraste al interior (ante ese desierto
también) que la más grande mentira de todas las creaciones humanas se llamaba “plástico”
y que los únicos merecedores de su uso, fueran los médicos, no los hombres comunes
despiadados con su sentir para afuera, sobre todo cuando se les fue educando por
perder el respeto a esta nave, a este planeta que nunca nos va a pertenecer. Esta
redonda masa cubierta de agua con tierra de por medio que significa el azar más
propenso y más autóctono percibido por estas estrellas que nos rodean. Somos un
espectáculo para nosotros mismo. Te acuerdas que tu estuviste en un lugar donde
estamos todos y no importaba donde estabas si una parte te enseña el poder de estar cuando todos no están
sin embargo existen a decir unas palabras confundiendo el ser y el estar juntos
que no se explican para nada combinadas sino en… en el mismo silencio en la
vicio a llenar los vacíos con sandeces. El silencio en donde se le guarda el respeto
al astro mayor, al que te pinta la piel suponiendo la altura y latitud a donde
se te repartió la vida para que existas, para que esté presente un animal
sostenido del pasado y queriendo acertar al fututo un destino que solo se
explica con los que se atrevieron a escribir, a ser trascendentes como la mejor
muestra de la raza adaptada.
Eso es lo que descubrimos con
las palabras, el jugarle al tiempo medido en sombras de un requisito que nunca
podemos descifrar. Recuerdas que vimos a los satélites navegar por encima de
nosotros, y nos hicimos tan pequeños como la pequeña rata canguro que venía a
alimentarse de los trozos sobrantes de una tortilla. Si el capitán de ese viaje
nos repetía, además de ser íntimo amigo del jefe del desierto, que estuviéramos
listos para dejar las cabras se fueran al cerro, que se subiera el consciente
con ellas y estuviera listo el cuerpo para despegar. No como un cohete sino
como una deidad propia; el aprender a aprehender lo que se destila con el mismo
viento cuando renaces en cada despertar. Si lo yo lo recuerdo muy claro, me
acuerdo de mí mismo antes de que estuvieras aquí, ante yo y tú y ello recostados
a mi lado o parados en el techo de una idea venida por todas las consecuencias
casuales de un hilo sonoro como es la voz humana, un interruptor de la
naturaleza, algo que interrumpe el sonido del silencio recreando movimientos
guturales históricos para las órdenes causales del caos y la organización misma
del siendo todo lo mismo de lo diferente; ya que todo se escribe con las letras
que nunca se manifestaran en otra especie. Somos únicos pero ya somos tantos de
lo mismo, de una explicación devastada de vacío cuando nos explican la huida de
los dioses primermundistas. De ese lado del planeta que comprendió el jurar
para quemar cuerpos, mientras aquí se tatemaban los maíces y la tierra sigue
dando agua pura que tomar.
Ahí estuvimos, xolo, solo eras una esencia y yo nunca supe dónde colocarte
hasta hoy, pero el capitán del viaje en esos días te observó con el ojo del
venado, admiró tu pasado de cholo, y regodeó la experiencia por la que estaba a
punto de admirarte; la mezcalina es una sustancia que los hombres químicos
vinieron a interpretar, pero los hombres de la empresa convirtieron en vicio,
pusieron de moda la elevación del consciente siendo ésta un complemento ideal
para los efectos de las bebidas espirituosas, es como se hace con la sustancia
cocainca, como se hizo con el mar y sus iguanas relajantes de todo perturbador
golpe, como se hace con la amapola y su sueño infinito, como se hace con todas
las sustancias que vinieron a corromper y presentar hechas polvo, hechas añicos
por la insalubre combinación con los combustibles por los cuales arrancan la
piel a los animales. Ese repudio es del que nacimos de nuevo, huecos dejamos
ciertos aspectos del cerebro y pronto descubrí el secreto de tanta inversión
neuronal. Repudié en el gozo de sus reacciones el pequeño desplante de
inspiración que provocaba el ser un libre alucinado, un ser sin miedo del
efecto sustancial, dete nuevo camino donde solo los mortales más comunes denominan
como loquera, yo lo resuelvo reaccionando al desquebrajar una palabra clave.
La droga dicta: lo que era.
Lo que se es al descubrir un esbirro de aquello que no se completa que no
merece tener un punto final. Ya que todos los calendarios que usamos no son
nuestros, no son nuestras las designaciones de cada sol que se nos impone en la
mañana y nos despide antes del renacimiento lunar cada noche, sino que cada
nombre de cada día es una conveniencia al dinero, a los que forran de plástico sus
aparatos para que sientas se preocupan por su integridad, por tu dinero
responderá tu carne a favor o en contra de ti mismo, por la inversión que tu
cuerpo hace para comer beber cagar y dormir. Un solo milagro que se requiere en
la vida es seguir con ella después de no poder hacer ni una de esas tareas
integras. Pero entonces alcanzamos a ver la pregunta del ¿para qué? como una sintetización
de todo destino, de toda culpa por la existencia con precio, con el valor que
le conviene a quien te debe una sonrisa. Y nos elevamos, bueno te alcancé mejor
dicho y toque un borde de tu forma, me suspendí como sintiendo agradecía este
permiso que nos daba la energía de alcanzarnos, de perderlo todo y mirar debajo
de la ropa aquello que me faltaba. Una razón propia, un sustantivo a los verbos
de semejante inspiración en un cuerpo desgastado por la feria, una imaginación
que solo se activa y se refuerza en las pirámides, en la ingesta de las plantas,
de los fungi, de las raíces de los dioses. Aunque no son dioses son arquitectos
gigantes duales, son esencias que no merecen aliento, solo merecen que cada
animal haga el amor y guarde un secreto cerrando el hocico para siempre, mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario