domingo, 3 de marzo de 2019

Plantasía


Pequeña,
si en otra vida naciera hombre y tu planta,
no acabaría allí nuestro amor, ni sería imposible.

Me traería tierra de los camposantos de los ángeles
y te colocaría en una maceta del color de la luna.

Algunas noches, quién sabe,
puede que te alimentara como a la mandrágora,
aunque tú serías infinitamente más bella que la mandrágora.

Por las mañanas, te llevaría en mis brazos
a la parte más alta de los edificios
para que comieras los primeros frutos
del árbol del sol.

Escucharíamos a Mort Garson
mientras cruzan las aves los cielos.

Qué bella tu lengua de corola,
qué exacto tu cáliz para mi saliva,
qué armónico y vertical tu tallo,
qué dulce tu pecíolo a mi tacto.

Acariciaría tus limbos foliares
y me regresarías besos de humo.
Tendríamos orgasmos de psicodelia sagrada.
Luego, al anochecer, bajaríamos la cabeza,
como mujer que ora sola,
por el lado en el que muere el sol.

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