Cuando comenzó a devorarme y despedazarme vivo,
pensé por primera vez,
que esperarte era un profundo cauce y elevado por la ola,
aquello que nos rebasa,
capaz de zambullirnos en el lugar donde se cree o se sabe que llegará alguien o sucederá algo,
donde se revela la huida de los dioses y tiene que ser experimentada y soportada y esa subsistencia funda la más lejana cercanía al amor,
aparece tu cuerpo vuelto humo,
no,
tu cabeza vuelta humo con tus dedos insignificantes tocando la espuma del mar,
a través de lo limpio del muro donde se originó el amor,
viene y entra por la puerta en un escenario nocturno a recuperar su seguridad con voz recia y nauseas matutinas que no son elegías,
es la primera vez que escribo desde que te estoy esperando y estoy inventando a alguien,
capaz de penetrar más allá de las apariencias,
para que te quedes sustraída en el tiempo,
petrificada para siempre con una imagen de juventud,
para hacerte vivir una nueva forma de tragedia existencial, lenta y serena, todo lo que fuimos antes somos el resultado de hoy.
Respira.
No estoy muriendo, el polvo de mis manos vienen de rostros y trampas,
y tus ojos en todos los rincones,
y tus labios en la luz,
aullando sobre mi cuerpo
lleno de colores.
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