Una patada de tristeza en la sien.
Puntos lumínicos se posan sobre la risa
de los malvados.
Mi corazón se cansó este día
por no hallar reposo en las
morenas manos.
Un brote de amargura en mi garganta.
Las palabras de los necios se
empoderan con terquedad y armas.
Y un árbol de lágrimas tras de
los párpados.
El amor se aleja con alas en los tobillos.
El páramo de los infanticidios aún humea.
Quisiera que mi soledad fuera distinta.
En verdad sola y sin tanto rostro indolente.
Pero es aquí el apartado de las lamentaciones.
Y el miedo corre en mi temperamento límbico
como perro enrrabiado y poderoso.
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