Cuida bien de
tus venas, Liliana.
Cuídalas de los
vidrios
que saltan de
mañana;
cuídalas de las
navajas.
No dejes que las
corte
el filo de la
tristeza,
ni que las
perfore la
terca aguja del
sinsentido.
La melancolía
canta como
una sirena en el
mar de
la muerte, no
permitas
a tus venas
escucharla.
Liliana, bajo
ellas corre
el río que nutre
la belleza
de mi vida, y en
sus riberas
yo canto y canto
conmovido.
Me gusta el olor
de tus venas
y la calidez de
tu piel viva.
No permitas al
miedo desgarrarlas.
Cuida bien de
tus venas, Liliana.
No mires al
vacío con
obcecada
gravedad. Recuerda:
venimos de la
nada y a la nada
vamos, ¿qué
podemos perder?
Nada.
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