sábado, 17 de febrero de 2018

VI






Son las doce de la tarde y yo les vengo abriendo el ojo a todos ustedes. Ayer se puso buena la balacera, y hasta se dejó caireles una señorita de esas que saben forjar y no lloran si uno les pide un diego para completar la caguama. Me siento bien crustáceo y en mi cabeza solo tengo la convicción de que la única manera de poder aguantar esta perra vida que elegí yo cholo pero en compañía de otros desgraciados por el gobierno de nuestro putísimo presidente es conectarla en un grado máximus suprema. En el refrigerador quedan cuatro chelas que voy a chingarme a la de ya abrí la primera y de un trago me laaaaaaaaaaaaaaaaaah chingo y voy por la que sigue y hago lo mismo: aaaaah! El primer trago siempre es el mejor, dicen, pero yo pienso que el mejor es aquel que bebe uno cuando tu equipo sale campeón, y que nunca es el primero, porque una final se tiene que ver hasta el culo de pedo, y no hay más. Los que no han tenido chance de dar ese glorioso trago del que hablo disculpen las molestias que les ocasiona el paso de mi carreta por sus tierras áridas de estrellas y leyendas. La tercera cerveza me la bebo con más calma mientras busco la chora sin esperanza porque si esta morra se levantó igual de cruda que yo, de seguro se dio unas baicas antes de pegar fuga y dejarme soñando con sus piernitas abiertas. Maldita sea, no se sabe la regla elemental de los marihuanos o qué: nunca dejes a tu marihuano hermano sin un porro en la mano. Y menos cuando la mota no la conseguiste tú. Verga. Puta madre. ¿Es tan difícil tener sentido común y preocuparse por las adicciones de los demás? Me voy a tener que aguantar la herida.
       Mientras toma la última cerveza sobreviviente del refrigerador repasa sus cosas por hacer hoy. Siente unas punzadas leves en la cabeza y se sorprende por las fronteras tan inciertas que la resaca puede tener o aparentar tener con la realidad. La cruda realidad, piensa él. Recargado en la barra voltea a ver los ensayos que le faltan por revisar, y en ese momento se da cuenta que su estómago quiere decirle algo apremiante y él dice no mentalmente, NO, por favor, y se encorva un poco, y siente la saliva amarga que se desliza en un vaivén por su garganta anunciando la llegada de los jugos gástricos. Sabe que es una batalla que nunca hay que pelear y se dirige al baño: si quiere salir, que salga, piensa y se pone de rodillas, abre la boca y deja que el chorro café se lleve consigo todo eso que su cuerpo se niega a procesar. Casi siempre le pasaba, desde que tenía veintitantos, pero también casi al mismo tiempo descubrió que si fumaba marihuana desaparecía la náusea y el aletargamiento característicos de la resaca alcohólica. Pinche Itzel, piensa, me caga vomitar.
       Abre la llave del agua y empieza a salir muy fría pero no le importa: desea que algo lo distraiga de ese malestar que le impide ser. Unos tacos de barbacoa, un jalón de greñas, piensa. A medida que el agua se pone caliente su respiración adquiere un ritmo más regular. Recarga una mano en la pared y deja que el agua corra por su cuerpo. Solo quiere que pase el tiempo y que llegue la noche para poder sentirse libre de todo trabajo. ¿Por qué había aceptado ser profesor sustituto de alguien que seguiría cobrando su sueldo completo mientras se dedicaba a una investigación banal, que no cambiaría nada en el mundo que creemos a veces real, ni siquiera en el mundo literario que a veces mata en serio, y que solo realizaba para cumplir con los requerimientos mínimos pedidos por la Universidad de Guadalajara para seguir cobrando el sueldo de profesor titular C, el máximo que puede alcanzar un profesor investigador, solo por debajo del de pariente, amigo o puta de algún pez gordo, que podía elevar esa cantidad hasta en cien mil pesos, es decir, casi cuatro veces el salario normal de un profesor, mientras que a él le habían ofrecido ciento cincuenta pesos la hora de clase y la posibilidad de quedar bien ante los rateros para que luego pudieran considerar contratarlo si es que hacía las cosas bien y no daba problemas? ¿Se había dejado vencer tan fácil por la tentación de regresar a su alma máter? Era un trabajo temporal, le daban libertad de cátedra y la oportunidad de debatir sobre temas que le interesaban; aparte la universidad se pichaba las caguamas. Podía pedir más, pero estaba claro que no se lo iban a dar.
       Con la toalla envuelta en la cintura tomó su celular y marcó varios números para que todo funcionara de manera correcta en la cafetería. Hacía dos días que no le contestaba el teléfono su proveedor de café. Ya solo tenía producto para una semana cuando mucho. Se sentó en la cama y sus pensamientos clavó en la última conversación que tuvo con su padre: ese viejo cada vez más canoso le dijo que desde que empezó a dar clases en la universidad había descuidado el negocio; que tuviera cuidado: no valía la pena arriesgar algo que habían construido entre todos por un empleo temporal y sin contrato. Te preocupas mucho, jefe, le dijo entonces el cholo a su padre. Después sacó un gallo que traía camuflajeado en la cajetilla de cigarros, lo prendió y continuó diciéndole: el café que hacemos aquí es tan bueno que si la cafetería se derrumba, los mismo clientes la reconstruyen. No seas mamón, le dijo su padre al tiempo que le arrebataba el porro de la mano para darle una larga fumada y luego continuar, qué maña la tuya de fumar en el trabajo. Es que si no dónde, jefe: me la paso chambeando.
       Sus pensamientos se vieron interrumpidos por nuevas punzadas, pasadas de lanza, pensó, al tiempo que se reclinaba hacia atrás y terminaba por recostarse en la cama. Perrísima madre, imploraba, que se me quite esta cruda ya. Su mirada, clavada en el techo, empezó a nublarse y decidió no ver más. Que el tiempo pasara pero él no podía seguir así. Los pensamientos de nubes grises y algo que brilla al fondo. Qué es eso, piensa con una voz muy ronca y cierra más los ojos. Ay güey, es eso lo que yo creo que es, cree que se pregunta, pero es que ya no sabe. El humo lo está tapando todo. Se quema. Se está quemando. Pero si serás pendejo, bróder, dice en un sobresalto y se pone de pie para salir casi corriendo hacia el pequeño escritorio negro donde suele trabajar. A medio camino la toalla se le desenrolla de la cintura y cae al suelo; con el pie derecho de una patada la pone sobre una silla y sabe que si la toalla hubiera sido balón, y la silla una portería, eso hubiera sido un golazo. Es una caja pequeña de cartón que huele a ritos consumados. Es el deseo consumado y la sábana del muerto; el bosque quemado y el bosque hecho papel listo para ser contenedor de loquera maciza y masivamente hablando ya me tardé en armageddón un fénix con las cenizas que dejó maría cuando se apareció el diablo por estos lares.
       Ahora sí podía digerir la realidad de tener trabajo que hacer antes de las seis de la tarde que empezaba su clase de literatura mexicana del siglo XX. Y después a la cafetería. Ya después quién sabe. Trabajo todo el día, y mi jefe diciéndome huevón porque ahora le caigo menos horas a la cafetería; chale, bróder, pensó, y se perdió unos instantes en el humo espeso que flotaba lento por el cuarto. Mientras terminaba de fumar el cigarro que había armado con los restos de otros cigarros de marihuana pensaba y se cuestionaba muy por encima de las aguas del profundo mar, qué le gustaba más, si ser profesor por unas cuantas horas pagadas a la quincena y hablar sobre temas determinados por un plan de estudios que modificó en la práctica para tratar de acercar más a sus chavos, decía él, a las calles, que era donde de verdad ocurría la literatura si se ponían truchas. Eso y una pila de papeles que revisar, temas que exponer ante un auditorio, libros que releer bajo presión de hacer bien la chamba, la mirada de algunos de sus compañeros en la sala de profesores adonde solo entraba por café y en busca del periódico que ahí dejaban, caminar entre estudiantes a las cuales desnudaría a la mínima provocación si este mundo fuera un poco más salvaje y no existiera el erotismo que lo hacía tener que invertir más tiempo del que en verdad tenía y quería gastar en conseguir una persona agradable que no fuera necesariamente una joven universitaria para darse todo el placer posible. Ser profesor o ser gerente de una cafetería en la que tenía la libertad de hacer, casi sin restricciones, lo que le diera su pinche gana debido a la confianza de su padre y Orozco, el amigo y socio de su padre en el negocio. No podía decantarse por cholo una y a esa hora del día y con las latas vacías, regadas por el cuarto, decidió que lo mejor era dejar de pensar en su presente laboral, y ponerse a revisar las primeras tareas del semestre de sus alumnos: les había pedido que eligieran una novela mexicana escrita en el siglo pasado que ya hubieran leído y que plasmaran un viaje con gallardas reflexiones de ser posible por santa maría, madre del joint, sobre cómo el tiempo ocurre en la narración, y unas líneas más sobre el lenguaje del texto. Un ejercicio de calentamiento nomás, para que se armaguedón el cotorreo en los albores de su segunda clase del semestre.
       Con los trabajos revisados y el dolor de cabeza reaparecido, un hambre de perro que se asentó en su ser no lo dejó hacer otra cosa que pensar en cómo calmar las aguas hasta que se comió ocho dorados de barbacoa con un chingo de cebollitas y una coca líquida, porque si hubiera de la otra ni de comer me acuerdo, dijo su perra voz del interior cholo. Estaba sentado y mientras iba por el tercer taco empezó a pensar en cómo habrían terminado la noche sus dos chavos recién encontrados otra vez desde que el señor se fuera unos meses atrás de excursión al sur. De seguro hasta el culo. Y es que pensándolo de-mente seria maximus suprema, no hay otra manera de terminar bien cuando te topas de frente con personas perras que saben conversar con la bandera en alto cotorreo multidimensional. Las palabras y las historias se valen de los vicios del hombre para salir de una vez por todas, ya que esta raza, además de todo, fue enseñada por criaturas que vinieron de partes sobrias de este terreno de naturaleza alucinante a guardar con egoísmo y miedo sus concepciones más subjetivas y no decir nada, en nombre del dios que los mataba si no le rezaban lo que él deseaba en cristiano, sobre la comezón en el occipital provocada por la experiencia y la convicción de que todos ven más o menos la misma mierda que uno: individuos sin pensar en cómo pensar para empezar a cambiar la realidad; estáticos pedazos de energía concentrada en las cosas equivocadas es lo que desean los reyes para seguir en el disfrute de las cosas que nos tocan a todos por ley de vida. Por mera loquera me dan ganas de echarles un grito al siniestro y al señor, pero es mejor irme todo erectus hasta el jardín de filosofía y pedir esquina con unas baizas a Gabo o a quien esté por ahí enchinándose la pensada antes de ir a dar cátedra mexica de siglo pasado.
       Yo espero que… no, no. Más bien: yo sé que algún día, espero, ahora sí esa maldita palabra, cercano, mis patas de perro falseen y caiga yo, de hocico sediento por la vagina de alguna señorita estudiante de la vida loca, donde más huele la flor. Siempre me han latido más las de estos cantares académicos; sin importar la escuela donde estudien, lo importante es el alumnado. Yo no puedo ser tan joker o siniestro a menos que ande bien Sergio Ramos. Esos cabrones sienten deseos de fornicación por un porcentaje muy alto de mujeres. Y no es que yo me ponga el moño en la cabeza pero esos dos se han consagrado como los power ranger más gloriosos de la galaxia por haber logrado hazañas inauditas ante peligrosas criaturas enviadas por un ser de lo alto para tratar de destruir al hombre y su entorno. Ellos dos y cualquiera se volverían locos aquí con tanta mamacita. Pero bueno, debo concentrar mis pensamientos erizos en ponerme loco antes de entrar a decirles a esos qué pedo con la literatura mexica. Éste es uno de mis espacios favoritos de los mundos que he visitado. Desde que llegué por primera vez, yo cholo con un gallo en la bolsa del panto para echar la baiza, porque me la habían rolado que aquí la banda no se agüitaba, sentí en el aire algo extraño: la neta es que yo iba pasando con las circunstancias dándome vueltas por la cabeza, zumbando como abejas. Por lo tanto no puedo saber si yo encontré el lugar o el lugar me encontró a mí. Lo que sí me acuerdo es que creo tenía quince años y ya iba a pasar a segundo de secu si tenía suerte en el verbo que estaba próximo a tirar la semana próxima ante el putísimo profesor que neta me traía de bajada machín. Ese diablo iba pensando en que Monse se había apretado la tanga, pero no hay pedo, ojalá a ella nunca le falte lo que yo le ofrecí ese día. Me acuerdo que cuando lo saqué de mi pantalón y lo puse cerca de su cara para que lo oliera, su mirada medrosa y sus palabras de “yo nunca fumaré drogas, y menos contigo” me hicieron querer regresar el tiempo un minuto y sacarme mejor la verga, a ver qué pasaba. Ante su negativa, yo ya no podía avanzar ni un paso más hacia el fin deseado por ambos. El orgullo de su mirada, me acuerdo, como si yo fuera qué o qué. Chale. Se había interpuesto mariana entre nosotros. Creo ella pensó que estábamos muy morros para aventarnos un trío con la mujer de humo. Yo me lo guardé y le dije que no había pedo, que no viera las cosas por otro laredo que no era, y que todo chido, yo solo era un amigo que quería darse un viaje con ella y pasarla a gusto y más si el cotorreo llevaba al roce de los cuerpos. Y creo fue de los primeros buenos putazos que me han pegado por decirle a una morra que me la quiero coger. Así, sin saliva. Pum. El vergazo bien acomodado. No había nada más que hacer. Por eso sin llorar iba yo por maestros, y me viajaba con las rayas que se habían aventado en los muros del panteón. Había murales también, pero me daba color más de las rayas. Me daban ganas de pintarles un cotorreo pasado de rosca en el barrio con dos o tres líneas bien trincadas, pero se las fie porque no traía mis latas y era temprano para levantar a los muertos. Luego la gente se asusta y empieza a gritar policía, policía. Nel. Aguante la carrilla. Los espacios son para llenarlos de pensamiento trincado. O para filtrar un balón. Pero bueno, la neta es que yo sí andaba medio ondeado por el rechazo de tan bella florecita de tierra mojada. Iba como una bolsa de plástico llevada por el viento y había camiones con gente y personas caminando por la calle todas con sus cosas en sus caras y a mí me valía madre la vida. Por lo menos ella escuchó mi verbo verdadero. Tenía la tarde libre hasta antes de las ocho que se empezaba a juntar la banda más maniaca a darse unos tanques y armar las retas de esa noche. El sol se estaba llevando durísimo y cuando llegué a Federalismo se me antojó una chela. Traía treinta baros y estaba herido por donde le viera, pero yo seguí mi camino. De la esquina vi el parque y lo que pensé era la universidad. Caminé derecho y la primera entrada que vi abierta fue la que crucé. Los guardias estaban parados y me fui todo derecho como si ya supiera adonde iba. Había banda sentada en las jardineras, en las bancas y en el suelo; otros estaban parados, pero todos hablaban de algo y los que estaban solos leían o escuchaban música. Me acuerdo estaba un bróder bien agarrado de una señorita con una raya en medio de la espalda y por mi lado pasaron dos batos que se veía que traían prisa, pero no por llegar a clase. Los seguí en breve y subimos por unas pequeñas escaleras que nos llevaron a un pasillo donde estaba un mural debrayado por una imagen de porky que alguien había puesto en el lugar indicado para regalar múltiples significados a la interpretación tripeada. Cuando salí al jardín los juguetes se me subieron al ático: esto estaba de poca madre, casi tan bueno como me contaban mi jefe y el zurdo. Vi uno despelucar a maría, y ella se deshacía entre sus dedos; a otros matando una chora, y unos más locos rolando caguama y dos porros en un círculo bien formado. Había una morra que hacía girar un aro con su cintura y tres bróders dominando un balón. No necesitaba más señales para saber que había llegado a donde está el águila devorando a la serpiente, y que los mitos de la fundación y preservación de la loquera mexica eran ciertos. En cortinas ubiqué un árbol que me protegía de la carrilla que andaba tirando el astro rey, y que me permitía escuchar a una morena de lentes que leía una parte de un libro para unos chavos ano-nadados de puro placer, y saqué la victoria de mi bolsa. En mi boca pasó algo, como si naciera un río, al oír que se abría. Me senté en las raíces y prendí el toque. Me fumé casi la mitad, y empecé a pensar en qué momento había desarrollado el gusto por la cerveza y algunos otros vicios del hombre. La fiesta nos la inculcan desde bien morros. Es parte de nuestra cultura el valer verga durísimo. Mi jefe una vez me llenó el biberón de chela nomás para tomarme una foto y enseñársela a sus compas. Eso dice el bato. En todos lados está la palabra disfruta. Es más fácil conseguir cocaína que antibióticos sin receta. Aparte, el Tony me la lleva casi a todos lados por el mismo precio. Yo estaba sentado fumando un porro, tranquilo. Lo demás. Lo demás no importaba. Tampoco me importaba que Monse me diera el abrigo más grande cuando yo sudaba por el placer que me provocaban las marcas de sus pezones en la blusa, pero es que las mamacitas que pudiste haber olido de cerquita duelen igual que los goles que no metes. Neta. Y te acuerdas toda la vida mientras puedas jugar y hasta después que ya no puedas meterla. Así es la vida. Me lo dijo mi abuelo. Y ese perro jugó profesional. Así que calmantes montes, alicantes pintos. Empecé a sentir las piernas relajadas. Acababa de llegar casi, y ya quería contarle al señor y al siniestro sobre el nuevo spot descubierto por su cholísima majestad. Me acerqué y me la tocaron por arriba y sin albur la amortigüé con el muslo y sin que cayera la pasé con la derecha al bato que tenía de frente. Alguien quiere, les pregunté, y ofrecí el bosque envuelto. Que role igual que la bola, que role, dijo el bato que recién me había lanzado una papaya que logré convertir en balón para que vieran que desde que estaba más morro que ustedes, ya hacía magia. La vida es fugaz, pensé, no me voy a preocupar por las cosas que no fueron. Una, dos, y la pasas.
       Aplico la mirada de sabueso y veo hacia todos lados sin mover la cabeza. Ahí está la banda de siempre de este semestre. Los drugstars de la nueva temporada. Transa, esos, les aviso que su perra majestad del ajedrez verbal ha llegado. Pero no tengo tiempo más que para una baiza, así que albureo a dos tres chavazos mientras el güero voltea su mochila y todos los libros y cuadernos caen sobre la mesa; también sale un desodorante, y al parecer valió madre porque se lamenta: chale, no sé qué le hice. Así la aplicas siempre, pinche güero, le dice Fernando. Váyase a la verga, morro, traía una y no sé qué le pasó. Aquí debe de estar entre los libros. Y los erizos de humo empezamos a sacudir los libros para que saquen todo lo que traen dentro, pero nada. A veces se es, a veces nel. Ah, ves ese sordon: Fernando saca la sábana santa de su cartera y me forjo como yo cholo sé hacerlo. Ves, pinche güero, le dice, no siempre voy a estar acá para salvarte el culo. Tras discutir dos tres la idea quedamos en que sí es bueno tener siempre una reserva por aquello de los tiempos inciertos, pero también le digo que todo vale madres a fin de cuentas, hayas tenido o no una canala en la cartera, siempre y cuando no te falte marihuana. Así que no eres batman, sino robin, carnal.
       El que se arma de valor prende el toque. Eso todos lo saben. Cuando la pruebo maría me dice que no creció en el bosque. Ella es de otro lugar más humanizado. Me doy otro tanque y lo aguanto machín. Cierro los ojos para ver mejor lo creado por adentro. Hay en algún lugar no sé si lejano unas como cuevas que necesito explorar; voy a ir con los perros, por si se aparece el diablo. Despacio, muy despacio voy sacando el humo.
       La clase empezó hace seis minutos. Yo creo un día me van a correr por andar haciendo semejantes estupideces. Pero el día que lo haga espero estar loco como hoy. O más, sino chance y los decepciono a todos ustedes, mis chavos chaviruleros. Y eso no puede pasar en ninguna realidad alterna, estoy comprometido con la educación de este diablo de país.



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