viernes, 17 de noviembre de 2017

Noche buena

Preferiría un té caliente a este mal tequila rebajado con agua mineral y hielo. A donde quiera que vaya llevaré esta alma enferma. Es media noche y las personas disparan sus armas y su estupidez al cielo, cómo me gustaría que dispararan a los políticos y a los burgueses; pero es un sueño estúpido. Las pesadillas son sueños en los que algo salió mal, ¿saben ustedes en que momento dios se quedó dormido? Las pesadillas son rocas hundiéndose sin pausa en un mar hecho de pasto o de alguna otra cosa no líquida más bien sólida; o aves que detestan el peso de sus alas; o intelectuales llorando de tanta cosa inútil memorizada; o sabios que quisieran no haber abierto los ojos nunca. Uno no debería escribir un poema lírico después de los veinticinco. Mi espíritu, sin embargo, es más ligero y torpe mientras más capas de mi piel van volviéndose polvo en el país. Me parece que mi cuerpo también es más ligero y hábil ahora, en cualquiera caso es un hecho que siento más que el porcentaje mayoritario de los adolescentes actuales. Hey, hey, hey, miren de que manera tan dulce visten todas esas jóvenes. Daría mi vida por el amor de cualquiera de ellas; no de cualquiera en realidad. Qué desagradables me parecen las mujeres que se me entregan; qué poco interesantes, con sus risas fáciles y su pronta disposición a complacerme, a acompañarme en los momentos de mayor desesperanza. Qué poco atractivas me parecen. Y las otras: las hermosas, las arrogantes, las que me han mandado al pito indefectiblemente. Oh, dios, daría la vida por ellas, o la mitad de mi vida, o alguna de mis extremidades si así me lo pidieran. Más vale no decir nada en esta maldita era tecnológica. En las redes sociales siempre habita la burla rápida. No vale la pena ningún pensamiento justo o noble. Ya ustedes saben, es como esa cosa que hacían los filósofos cínicos y cuyo nombre no puedo recordar. Uno puede estar hablando de dios, del tiempo, de la ética y aparece uno de estos sujetos y se caga en mitad de la asamblea; una burla despiadada que hace trastabillar la idea de que el ser humano pueda ser algo más que un animal que caga y come. La noche es un ojo cruel que no deja de mirarme; la noche es una estrella muerta; la muerte es una mujer amada cogiendo con un tipo atractivo y adinerado. Dos mujeres iluminaban el camino como linternas de pilas recientes abriendo zanjas a la oscuridad de los cerros. Una de ellas vive en Francia y la otra en Zapopan, y bien mirado no sé cuál de las dos se encuentra más lejos. Hay grietas en la pared de mi habitación, pero yo no quisiera moverme de aquí nunca. Hay grietas en las habitaciones del cielo, pero el cielo no quisiera mirar a otra parte. Hay cielos en los rincones de las grietas, pero los rincones no están interesados en las habitaciones de ninguna grieta o cielo conocido. Quisiera ser un niño o una telaraña, quisiera no pensar en Liliana cuando pienso en el color morado, o que el color morado no me recordara a Liliana, o que Liliana no se pareciera tanto a la luna para que ésta no me la recordara. No me importa, seguiré escribiendo poemas líricos hasta el día en que me muera. Qué me importa que me llamen inmaduro si habrá tanto fuego en mi alma por tanto tiempo. Y es que miren, pongan atención a la siguiente imagen: un árbol muerto cuyas ramas apuntan hacia el cielo ¿Saben ustedes hacia quién van dirigidas sus plegarias?

No hay comentarios:

Publicar un comentario