sábado, 14 de octubre de 2017

Leonardo Padura. 2



 Al borde de la provecta edad de catorce años, Basura conservaba intactas sus aficiones de perro callejero y cada noche salía a recorrer el barrio en busca de aire puro, pulgas peregrinas y hembras en celo. Desde que el Conde lo llevara a vivir a su casa, una noche ciclónica de 1989, aquel maltés apócrifo y pendenciero estableció las reglas de su libertad inclaudicable y el Conde las aceptó, complacido por el temple del animal que, ahora, advertido por su olfato, ladró un par de veces reclamando su comida.[1]

Observando cómo el animal bostezaba, mientras con la pata trasera trataba de sacarse una pulga especialmente molesta, Conde sintió cierta envidia hacia el perro que, a pesar de su edad, parecía dispuesto a reemprender la vida cada mañana.[2]


[1] Padura, Leonardo. (2005). La neblina del ayer. Barcelona: Tusquets. Pp. 60-61
[2] Íbid. Pp. 131-132

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