Como cuando el mundo decide cerrar los
ojos y mostrarnos la noche. Así, a esas horas la luna parece el sueño
permanente de la tierra, tan lejos que se encuentra iluminando un solo
punto en la inmensa oscuridad salpicada de lucecitas, ahí fuera de todos. Si se tratara de dormir, diría
que es el sueño más cercano de la tierra. Aquel foco blanco de noche para
enseñarnos los demás sueños esparcidos en el exterior. Siempre un sueño nos
ilumina la oscuridad en la que terminan los días.
Así me fui a dormir, con un parpadeo incompleto, cansado, oscureciendo toda la realidad que me rodea. Fue
entonces, que derrepente, se iluminó mi
todo, me encontré de día, despierto. Al parecer en una orilla de la tierra
misma donde se van uniendo sus dos
cielos. Yo, sentado agarrándome las rodillas, mientras al frente, se encontraba
el mar que aparecía vestido de azul celeste, con su distinguida voz, haciendo nubes de espuma, tan distinguida al tronar contra la arena que me sostenía
sentado. Mis ojos giraron a la derecha, ahí a un lado se encontraba una botella
pesada, la tome y me di cuenta que era
una de aquellas tantas nombradas como el objeto preciado que adornaba la cabeza
de aquellos ilusionados llamados reyes o reinas. Yo en ese momento no me sentía
un rey ni mucho menos, sólo sé, tenía
que tomar de la botella para sentirme realmente mareado, solo, al nivel del mar, el nivel más bajo de esta
tierra, dicen aquellos encargados de medir las altitudes. Mientras disfrutaba
de dos grandes sorbos fríos, comencé a notar al mar con mayor intensidad,
parecía que acababa de salir de bañarme porque había gotitas escalofriantes
bajando por la espalda y la arena que usa al viento como despertador se pegaba a mis brazos. Decidí dejar la botella
recargada en un montoncito, dirigir la
mirada al frente hasta perderla en la profundidad infinita del paisaje de las
orillas mareadas, ahí en donde solo hasta el final, el mar y el cielo hacen uno. Esa vista nada la interrumpía, el viento y la
música del mar estaban intactos, sí, en
ese momento el yo se sentía soñado. “Hacía mucho que no visitaba una orilla tan
tranquila” me decían mis adentros, mis afueras lo sentían.
Como de la nada fue que ahí la note, ahí estabas, como nadando o será
flotando serena y nada más. Tu cabeza se veía chiquita en un cielo
inmenso, tranquilo como ella, parecía
únicamente romperse en la orilla. Al principio no sabía remotamente quién era,
conforme iba saliendo, la noté vestida de blanco, con el cabello empapado,
recién salidito del mar, haciéndose de ondas color güero o dorado para que
suene más bonito. Ibas saliendo, y te dirigiste a mí, yo sin reconocerte, hasta
oír la voz: “Hola… Oye, hace mucho que no te veía, el agua esta fría eh”. Esa voz tan quedita, hacía tanto no la
escuchaba y mucho menos veía a la persona que le pertenece. Mis adentros
volvieron a repetirme que era tú, seguido del esfuerzo por recordar la última
vez que nos vimos (pero no recuerdo haberte soñado antes). Me volteaste a ver y
pediste de la botella, recuerdo te
inclinaste, sentí las gotitas
escalofriantes que caían de tu cuerpo hacía el mío cuando tu brazo cruzaba por
delante de mí ya que no fui tan caballero para pasarte la botella. Ahí me
encontré con algo como salido de una fantasía. Una figura pintada en tu piel, en el
antebrazo, con un color de todos los azules que el ojo humano ha descubierto;
no dije nada, pero mi mirada gritaba intriga. Cuando la notaste, fue cuando
volviste a hablar: “Ya viste, esto me lo acabo de poner, y vine a que el agua
me lo coloreara…” yo, sin decir nada, solo quise palparlo. “Está fresco” respondiste. Al mismo tiempo me
fije se empezó a mover, que eso era un caballito de mar, se movía como cuando
ves las cosas hundidas en el agua, así ondulantes. Te detuve el brazo y con el
otro agarraste la cerveza para sentarte, te pasaste la sal del océano y yo
toqué tú tatuaje. En ese precioso momento todo el mar nos abrazo, la marea
subió diría un experto, pero simplemente nos cubrió y dejó la orilla lejos.
Comencé a chapotear como perrito hasta tranquilizarme, ella sosegada, diciendo
que escogiera uno como el de ella, ¿escoger un qué? El mar nos tenía bailando, subiendo y bajando en su marea mientras no
sabía cual escoger, porque había de muchos. Tú te acabaste la botella y decidiste
ahí guardar el tuyo, por lógica de la situación la botella se hizo azul.
No pude hacer que ningún caballito de mar se subiera a mi antebrazo, a
pesar de que ya había escogido, y solamente vi como se alejaban, entonces tomé nuevamente el tuyo, antes de eso te volteaste y nos regresamos a la orilla, me dijiste que el
próximo me lo guardabas. Antes de llegar a la orilla este sueño decidió
acabarse.
Solo pude decir algo en todo esto y fue al despertar, no quedaba otra
cosa más que mi cama y el sonido de alguna ambulancia perdida. Se me antojaba
estar en el mar de una manera increíble. Tal vez lo más raro, fue preguntarme
si es que mi amiga Ixchel se había puesto un tatuaje, pero me llamó más la
atención que lo primero que me dije en voz alta: “¿ qué significa ese nombre?”…
volví disque a dormir, pero soñar no,
nunca de la misma forma…
Entonce yo soy aquel punto en el cual
estoy totalmente de solo contigo y sin ti al despertar.
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