lunes, 5 de diciembre de 2016

III.


Es que por qué mi planeta se ve invadido. Neta uno se quiere concentrar y así nomás no se puede. No es culpa de nadie, no es una enfermedad aunque hay veces que ni pararme de la cama puedo. Por los golpes, por las sentencias, por el olor a sudor fresco. Ya la había visto antes con un hombre que parecía de su edad. Pero ahora va sola, y hace un calor que acelera las partículas. Esperar no es lo mío pero tampoco puedo gritar mis nieves porque luego vienen las señoras con sus hijos y es cuando tengo que sacar las de salva. Y en esas no hay tanta ganancia ni diversión. Puro espejismo para evitar caer en la grande. Es una estupidez, que te encierren en un lugar y te hagan perder el tiempo por hacer algo que dijeron no se podía, luego escribieron unas líneas y las firmaron para restringir la acción humana por seguridad de todos. No vaya a ser. Sin embargo, es más estúpido morir enrejado solo por no tener la libertad que ofrece el afuera para aprovechar el tiempo y crear, porque el tiempo pasa igual si estás dormido en un cuarto oscuro que si estás corriendo entre las olas, a contracorriente y con el agua en el ombligo. Hay que llegar adonde se despierta o adonde se nada, ¿es lo mismo empezar a nadar que despertar?, ¿pasa el tiempo igual dormido que despierto?, no sé si me explico a mí mismo qué demonios quiero decirle al tiempo que brinca en secuencias de imágenes y sonidos en mi cabeza, como peces, porque ando muy pacheco, y construyo el cotorreo mientras el río sigue su curso. Matices sensuales y analogías espontáneas. De eso se trata el bisne, de desvariar pura realidad concebida motivada de más por estímulos externos para usar el pasado propio, experiencia, que le llaman, con el fin de hacer y observar y sentir y pensar con el ser, o solo para eyacular, abstracto, fijado en un pensamiento, ¿la libertad o el abismo?, en cualquier situación cada vez más cerca de la muerte. No buscar nada o/y encontrar todo es lo mismo que dormir con hambre, desde una visión en el final del tiempo del universo comprendido por los seres envueltos en los hechos de su cosmovisión hasta que la esfera estalla en una supernova, y después de un tiempo solo queda la luz que viaja a todos lados, a pesar de la muerte en el parto, y el que la ve asomar la cabeza puede pensar si es una ilusión, o solo una consecuencia más de las cuevas del universo y del hilo infinito del tiempo, en ciertos puntos hecho nudo por las miles de versiones sobre el mismo hecho que dicen cambió el mundo, como muchas otras creaciones, pero más que nada, historias de los hechos, o verdades como pedazos de un piso blanco recién trapeado, muy resbaloso para pasar corriendo al otro lado. La información se parece a la gravedad, o así dice el dicho sobre la interacción del mundo con las cosas que pasan en él para atraerlas adonde está el fuego líquido, el metal hecho agua.
   Son casi las cuatro. Es cuestión de tiempo. Todo es cuestión de tiempo, no de dinero, ni de falta de visión. Paciencia. Concéntrate en los hechos que quieres representar con tu energía, no en las posibles variables. Sin embargo, estate listo, como un perro que sale a cazar en la madrugada, con la necesidad de satisfacer el hambre milenaria y el deseo de la carne babear. Cierro los ojos y pienso en la humedad y el calor, y veo un grupo de personas que platican mientras oyen las olas reventar a pocos metros de la orilla, los pájaros bajan con las alas pegadas al cuerpo y se clavan en el mar en busca de algún pez vivo hasta ese momento, en el que el sol se refleja en el mar y encandila los ojos del que quiere ver hacia sus profundas aguas o hacia el horizonte que marcan la capacidad de la vista y la forma del mundo, la arena caliente y los dedos de los pies inquietos, haciendo pasar la arena entre los dedos una y otra vez, otras personas con el agua en los hombros, la incertidumbre de no ver dónde se ponen los pies al pisar, un hombre que trata de sacar la pesca de hoy, una mujer saca algo de su mochila, son unos lentes, se los pone y abre un libro, en el calor de mis párpados cerrados veo las partículas de la historia moverse más rápido. Las visiones sobrepasan la velocidad del lenguaje verbal, pero yo me concentro y hago un llamado, la música ya se escucha en algún lado.
   Hierba sagrada, dicen que tú deformas el tiempo, también dicen que el dolor lo alarga y el vacío lo ignora. Las palmeras no se mueven, el viento se ha ido a otro lugar, quizá más allá de la línea azul que, dicen mis ojos, es el final del mar, como si cuando los cerrara no pasaran otras cosas; la humedad crea una sensación de elasticidad lenta y pegajosa, el sudor es una marca geográfica en los cuerpos de los que salen a la calle, porque aquí, hagas lo que hagas, de pasos rápidos que parecen inacabables por el ansia de querer llegar al destino que el sol en el cuello hace más largo o sentado en la parte delantera del taxi esperando a que el semáforo se ponga en verde, la luz golpea, y quema vivos, causa ampollas en la piel y fiebres elevadas que desencadenan alucinaciones sobre un pasado mejor y un presente tan incierto como la piedra que se hunde lenta en el agua después de haber vivido una vida breve para una roca, unos seiscientos años, fuera del manto acuoso, y luego  dar unos pasos muy rápidos como breves sobre el infinito curso de las olas al ser lanzada y perder velocidad con cada choque. Aquí el exceso de luz te mata de cáncer. Por eso los periódicos y las telenovelas dicen mentiras, para ocasionar la feliz perdición del espectador que sueña la realidad como la pinta la secuencia de palabras e imágenes audiovisuales metida una y otra vez hasta sobresaturar el cerebro del hasta entonces individuo para que solo pueda esbozar con la boca una mueca extraña al decir sí y aceptar términos que no le convienen y cosas que ni siquiera sabe si son buenas o malas, pero es necesario continuar y pensar rápido para poder obtener una buena vida de plástico u otra vida. El tiempo no se acaba, y no deja de hacer que cualquier situación llegue a su principio o a su fin.
    Desde el suelo se elevan salamandras y lagartijas de calor que se pierden a cierta altura. El calor abruma los sentidos, y yo me siento el doble de risueño. El universo me ha dado señales varias de que el lenguaje no es una coincidencia, y los iniciados en los misterios de las plantas de los dioses intuyen cosas que los drogados de realidad derivada del petróleo pasan desapercibidas por ignorancia convenenciera a veces y por plena estupidez y falta de instrucción en otras. Ya va siendo hora de concluir esta invocación, pero la distancia que nos separa me hace recordar unas horas bastante locas en la historia.

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