viernes, 12 de agosto de 2016

Pájaro por las alas, hombre por la tristeza

Las nubes corren entre las montañas.
Las montañas corren bajo el cielo.
El cielo, del que cuelgan las estrellas,
se mantiene inmóvil en su eternidad.
El viento se hace visible al acariciar la milpa.
Un perro negro y viejo se tiende sobre su dicha.
En el fogón la leña arde.
Un recipiente de metal propicia el diálogo entre fuego y agua.
El fuego danza; el agua ríe como una niña
mientras el café se disuelve en sus entrañas.
El terreno es verde e infinito.
La tierra siempre se halla dando a luz.
De las piedras se desprende un canto en sordina.
La amistad es el alimento compartido y el silencio.
Este aroma que a mí llega ¿Es el alma del eucalipto?
Sobre la pirámide redonda adivino al hombre
que hace mil años descubrió todos los acontecimientos
del mundo en la escritura de los astros.
Por mi pupila expandida se mueve todo lo imperecedero
Mi carne ha aprendido el lenguaje de la materia.
Mi sangre arde en éxtasis, ha descubierto el pulso inagotable.
Mi voz ha sanado de inútiles palabras;
volviéndose puro sonido y vibración.
No soy yo quien habla y mira.
Es la vida que, en una conciencia limitada,
a sí misma se contempla y dice.

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