martes, 1 de marzo de 2016

XXIX.

Ahora que conozco estos asuntos de la muerte
Lo mejor será sentarme, encender un cigarro
Y esperarla tranquilo
Esperar tranquilo sus mariposas y sus navajas
Bebiendo cerveza tras cerveza hasta desconocer
A toda mi familia y a todos mis amigos

Y es que los asuntos de la muerte,
Una vez entendidos,
No son más que dolor:
Un tipo enamorado
Un tipo convulsionándose en el tren

Me sentaré en esta banqueta y observaré la opacidad del cielo:
Los ángeles sangran del otro lado
Pero no hay ángeles, ni dios, ni ninguna cosa buena y todopoderosa
Existen el dinero, y las drogas, y el sexo
Y existe una especie de pretensión de bondad
Una especie de fingimiento de empatía

Yo estoy en esta banqueta y fumo
Y cada bocanada alborota la absurda criatura que habita mi garganta
Porque no existe algo que nos otorgue nuestro sueño más cierto

Hay estas capas
Estas costras de dolor año tras año
Mira la opacidad del cielo
Mira como la carne se te llena de marcas repugnantes
Y los senos de tu mujer llenos de estrías

¿Por qué es tu mujer la mujer que no amas?
Porque la mujer que amas no es más que un heraldo
De alguna fuerza extraña
De algún ser todopoderoso malo, eso es en verdad posible

Mira las montañas de cadáveres
Mira los campos de cerebros destrozados
Habla acerca del dolor, justifícalo, otórgale una razón de ser
Habla del carácter y del valor del sufrimiento


Porque seguramente la infelicidad es muy estimada
En alguna capa más antigua del tiempo
Porque es muy noble esto de la sonrisa
Se necesita valor para ser un sujeto amable, cordial

El humo da pequeñas mordidas a mis pulmones
El mundo pertenece a alguien más que no eres tú ni yo
A ti y a mí nos han dicho: “canta, canta en esta jaula
Una canción que no signifique nada; quizá tan sólo una
Plegaria para aquel que la interpreta"

Ve los asuntos de la muerte:
Como van de un lado a otro en los paisajes de tu pensamiento
Y hay algo que importa, confía en ello
Si riegas con tu sangre la tierra, el tiempo suficiente, ochenta años digamos,
Verás como tus raíces se van llenando de espinas

Sé un hombre culto
Di a los demás la importancia de levantar la cara ante el destino
Ya sabes, ese gesto que nos dignifica ante la tragedia
Nuestra única victoria es sonreír mientras los cerdos tragan la vida
¿Quién llamaría a esto victoria?

Me siento en esta banqueta y fumo
Yo que vi la lluvia de palomas muertas
Yo que vi las cornisas llenas de cristales
Yo que vi a los niños pecadores

Observo todos estos crímenes sobre mi carne
Y la mofa del pequeño burgués que no puede con su miedo
Observo los rostros del dolor en las caras de los hombres
Y fumo para decirme que yo también seré parte de mi destrucción
Que no serán sólo el mundo y sus personas quienes harán jirones de mi carne

Que yo también participo en este obsceno carnaval
Que yo también soy un heraldo de alguna fuerza mala
Y me burlo del desvalido y soy cruel con el indefenso
Que a mí también me ahoga esta brea orgánica


Pondré mi grano de arena en esta destrucción
Y no sentiré miedo, para entonces habré desconectado el cablerio inútil

Ven a mi lado y fuma, y sé honesto conmigo, hermano
Tú también tienes este paisaje de sombras sobre el pecho
Tú también apelas al no saber porque el saber te asusta
Tú también masticas la sangre y acumulas las agonías
Tú también acumulas los fracasos, uno tras otro

Pero no somos niños que lloran para ser consolados
Somos hombres que han guardado todas las angustias en la mirada
Que han comido sal en el medio de la noche
Que han ocultado el frío dentro de sus huesos

Me he puesto de pie y fumo
Y trato de familiarizarme con los asuntos de la muerte:
Una anciana teje hilos negros
Sus manos, debido a la artritis, parecen las patas de un ave enferma
Sus nietos juegan entre el polvo de los muertos

El humo se eleva por encima de mi cabeza
Mira como todas esas voces suplicantes se elevan del estiércol
Y murmuran, patéticas, al oído de un muerto

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