No estás aquí
en la bruma del pánico que envuelve la noche
en el recuerdo de la danza que llega a través de la neblina,
estás ahí parada bajo el zaguán
esperando cruzar a la fiesta
para ver si los espíritus hacen el trabajo en una sola noche
y durante un segundo hay un silencio espectral en tus ojos:
puedo ver el fondo del cauce, la propagación intranquila
y al siguiente el río centellea
debes de arder de ansias por entrar
y que tu sangre se mezcle con los balbuceos del espectáculo
pero no estás aquí
y has acumulado mil años de distancia
conservando mi rostro con evocaciones de fuego
inextinguible,
no es preciso ir muy lejos, porque ahí delante de tu cuerpo
entumecido,
bajo la lámpara y la luz que no es mía he comenzado a
caminar erguido hacia ti
y he cruzado el zaguán en la lucha de los entes imaginarios
formando un inefable vórtice de dolor, un territorio matizado de relámpagos
heridos
porque parece mentira
la fragilidad es un tributo producido por la existencia
inmóvil de tu cuerpo
¿No te das cuenta?
las sombras y los crepúsculos ya no acarician tus
entumecidos labios con sed de la otredad,
tu cuerpo se está doblegando hacia el cielo y sólo tienes
que dar un paso hacia mi mano que está tendida detrás de imágenes indisolubles
que dicen que el amor es un transgresión
se desvanece se desvanece
tu caída y tu condena no son eternas
antes del sacrificio escojo sin pestañear tu vértigo
y te grito
pero no estás aquí.
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