-La
policía la sacó de aquella casa antigua.
-Sí,
pasaba por allí y pude ver los vehículos. Dicen que fueron otros niños los que
las encerraron; compañeros de la escuela. Quizá jugando, quizá como una broma
común de la infancia. Seguramente ignoraban lo que pasaría.
-Lo
sé, mi madre vivía frente a esa casa. Cada que la visitaba me contaba lo
molesto que era ver a todo los niños de la escuela reunidos fuera de aquel
lugar después de clases.
-Decían
que la casa estaba embrujada. Jugaban entre ellos a ver quién era el más
valiente. El que se adentrara más a la casa sería el ganador. Las dos niñas y
los dos niños entraron, aquel día, bastante dentro de aquella casa, bastante
lejos, también podría decirse. En algún momento los niños, jugando quizá…
-Perdón
que lo interrumpa. Mi madre también solía contarme que, un par de noches al
mes, escuchaba una especie de cantos provenientes del interior de aquella casa.
Durante esas noches sentía tanto miedo, me contaba, que ni siquiera se asomaba
por las ventanas. Prosiga, por favor.
-Sí.
Quizá como en juego, quién sabe, el punto es que los niños encerraron a las
niñas en una de las habitaciones más remotas de la casa y luego salieron
corriendo.
-Pequeños
bastardos. Jamás volverán a dormir tranquilos; ni ellos ni sus padres. Podría
decirse que esos niños son los culpables de esta tragedia.
-Parece
que sólo querían asustarlas, dejar que permanecieran encerradas por un rato y
luego regresar a liberarlas; pero cuando escucharon el grito ninguno tuvo el
valor de volver dentro.
-Mi
madre escuchó el grito. Dice que jamás había escuchado algo así. Fue un grito
de terror, no puede imaginarse qué cosa de este mundo sería capaz de provocar
semejante espanto en una niña. Fue un grito prolongado, pero se detuvo en seco,
como una luz que se apaga; está allí, un segundo después, desaparece. Eso es lo
que mi mamá me cuenta.
-Me
pregunto cuál de las dos niñas habrá gritado.
-Es
posible que jamás descubramos eso. Dice que usted estaba allí cuando sacaron a
la niña, dígame, ¿cómo estaba?
-Sí.
Volvía de mi trabajo y vi, fuera de aquella casa, un par de carros de la
policía y muchas personas reunidas. Cuando estuve más cerca vi como uno de los
oficiales salía con esta niña en brazos ¿qué edad tendría? diez u once, sin
duda.
-¿Cómo
estaba la niña?
-Ya
completamente loca. Llevaba los ojos muy abiertos y parecía mirar por detrás o
a través de todas las cosas; daba la impresión también, por el enrojecimiento y
el brillo de sus ojos, que había llorado mucho. Llevaba la boca abierta y la
cabeza colgándole del cuello, como si no tuviera nada de fuerza. En aquel momento
yo no tenía idea de lo que había sucedido, pero recuerdo muy bien que me sentí
bastante perturbado sólo de ver su aspecto.
-Estuvo
encerrada por unas tres horas. Pobre niña, lo que ha visto debe estar fuera de
las palabras de este mundo.
-Sí.
Dicen que ya jamás volverá a hablar, ni a caminar, ni a nada.
-Y
lo que se dice acerca de la otra niña, la que ya no salió ¿Es verdad?
-Sí.
Tengo un amigo que trabaja en la comandancia.
-¡Es
terrible!
-Sí.
En la habitación encontraron la cabeza de la niña, sin ojos, sin lengua y con
la nariz cortada. Al seguir buscando encontraron algunos huesos,
presumiblemente de la niña, sin rastro de carne en ellos. No han encontrado
nada más.
-Eso
es imposible.
-No
parece haber sido hecho por un ser humano. Eso es lo más terrible, porque… Si
no lo hizo un ser humano ¿qué entonces?
………..
-¿Quiere
un cigarrillo?
-Claro,
si fuera tan amable.
-Tome.
Permítame encenderlo… Maldito temblor en las manos, no me abandona desde hace
varios días. Discúlpeme.
-No
se preocupe. Muchas gracias.
-Debo
volver a casa, mi madre recién se ha instalado con nosotros y luce muy nerviosa.
¿Permanecerá en este lugar?
-Sí,
necesito pensar. Cuídese, amigo, y cuide también a su madre.
-Igualmente.
Con permiso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario