lunes, 14 de diciembre de 2015

Diálogo

-La policía la sacó de aquella casa antigua.
-Sí, pasaba por allí y pude ver los vehículos. Dicen que fueron otros niños los que las encerraron; compañeros de la escuela. Quizá jugando, quizá como una broma común de la infancia. Seguramente ignoraban lo que pasaría.
-Lo sé, mi madre vivía frente a esa casa. Cada que la visitaba me contaba lo molesto que era ver a todo los niños de la escuela reunidos fuera de aquel lugar después de clases.
-Decían que la casa estaba embrujada. Jugaban entre ellos a ver quién era el más valiente. El que se adentrara más a la casa sería el ganador. Las dos niñas y los dos niños entraron, aquel día, bastante dentro de aquella casa, bastante lejos, también podría decirse. En algún momento los niños, jugando quizá…
-Perdón que lo interrumpa. Mi madre también solía contarme que, un par de noches al mes, escuchaba una especie de cantos provenientes del interior de aquella casa. Durante esas noches sentía tanto miedo, me contaba, que ni siquiera se asomaba por las ventanas. Prosiga, por favor.
-Sí. Quizá como en juego, quién sabe, el punto es que los niños encerraron a las niñas en una de las habitaciones más remotas de la casa y luego salieron corriendo.
-Pequeños bastardos. Jamás volverán a dormir tranquilos; ni ellos ni sus padres. Podría decirse que esos niños son los culpables de esta tragedia.
-Parece que sólo querían asustarlas, dejar que permanecieran encerradas por un rato y luego regresar a liberarlas; pero cuando escucharon el grito ninguno tuvo el valor de volver dentro.
-Mi madre escuchó el grito. Dice que jamás había escuchado algo así. Fue un grito de terror, no puede imaginarse qué cosa de este mundo sería capaz de provocar semejante espanto en una niña. Fue un grito prolongado, pero se detuvo en seco, como una luz que se apaga; está allí, un segundo después, desaparece. Eso es lo que mi mamá me cuenta.
-Me pregunto cuál de las dos niñas habrá gritado.
-Es posible que jamás descubramos eso. Dice que usted estaba allí cuando sacaron a la niña, dígame, ¿cómo estaba?
-Sí. Volvía de mi trabajo y vi, fuera de aquella casa, un par de carros de la policía y muchas personas reunidas. Cuando estuve más cerca vi como uno de los oficiales salía con esta niña en brazos ¿qué edad tendría? diez u once, sin duda.
-¿Cómo estaba la niña?
-Ya completamente loca. Llevaba los ojos muy abiertos y parecía mirar por detrás o a través de todas las cosas; daba la impresión también, por el enrojecimiento y el brillo de sus ojos, que había llorado mucho. Llevaba la boca abierta y la cabeza colgándole del cuello, como si no tuviera nada de fuerza. En aquel momento yo no tenía idea de lo que había sucedido, pero recuerdo muy bien que me sentí bastante perturbado sólo de ver su aspecto.
-Estuvo encerrada por unas tres horas. Pobre niña, lo que ha visto debe estar fuera de las palabras de este mundo.
-Sí. Dicen que ya jamás volverá a hablar, ni a caminar, ni a nada.
-Y lo que se dice acerca de la otra niña, la que ya no salió ¿Es verdad?
-Sí. Tengo un amigo que trabaja en la comandancia.
-¡Es terrible!
-Sí. En la habitación encontraron la cabeza de la niña, sin ojos, sin lengua y con la nariz cortada. Al seguir buscando encontraron algunos huesos, presumiblemente de la niña, sin rastro de carne en ellos. No han encontrado nada más.
-Eso es imposible.
-No parece haber sido hecho por un ser humano. Eso es lo más terrible, porque… Si no lo hizo un ser humano ¿qué entonces?
………..
-¿Quiere un cigarrillo?
-Claro, si fuera tan amable.
-Tome. Permítame encenderlo… Maldito temblor en las manos, no me abandona desde hace varios días. Discúlpeme.
-No se preocupe. Muchas gracias.
-Debo volver a casa, mi madre recién se ha instalado con nosotros y luce muy nerviosa. ¿Permanecerá en este lugar?
-Sí, necesito pensar. Cuídese, amigo, y cuide también a su madre.
-Igualmente. Con permiso. 

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