lunes, 14 de diciembre de 2015

V. Visitaciones

La tarde se mueve con los ojos cerrados.
Sobre el rincón más calmo se ha detenido un hilo.
Un rumor de otoños se desliza calle abajo.
Y el ventilador no gira Y los alambres no arrebatan.
Como si el botón perdido proveyera manteles.
O el tenedor se asomara entre bosques recién lavados.

La lluvia golpea la tierra con mil lenguas diminutas.
Tan sólo para que los árboles entinten sus raíces.
La anciana se saca los dientes junto a las causas perdidas.
Mientras la luz negocia con el cristal su intromisión al cuarto.
La boca del hombre se guarda diez mil absurdos.
Un canto de pájaro se queda dormido en las banquetas.

Entonces el vuelo de la mosca replantea el infinito.
Y el reflejo de las pantallas tiende a la melancolía.
De manera que el pasto es podado de buena voluntad.
Tan sólo para que la manzanilla humee con honesta alegría.
O para que la bicicleta vuelva a confiar en los arroyos secos.
O los niños pisen la arena que nuevamente les sonríe.

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