martes, 31 de marzo de 2015

Farabeuf se detuvo en el escalón




Recordar la respuesta a una pregunta que se ha olvidado. Y si esa pregunta es una estupidez o una combinación de letras que representan ciertos sonidos y que a su vez se refieren a otras cosas que no son signos, y quién sabe. Bueno, se refieren a otro mundo con el cual no hay más que una relación arbitraria e ideológica. Nombramos algo que vemos; nombramos algo que no vemos; usamos las mismas putas palabras para nombrar millones de cosas parecidas pero diferentes. Uno a uno, únicos, y sin embargo con características similares que permiten al lenguaje aprisionarlos a todos con un soplo de viento.
Hemos visto por muchos años la respuesta y no la entendemos. Ahí está, ahí está. ¿Ayudaría de algo saber la pregunta? Qué tal si los signos, las ideas, los mundos posibles creados por la combinación de las dos enunciaciones fueran inentendibles para nosotros, o que esto nos permita llegar al fondo del asunto para después perder la curiosidad como las personas que cogen una vez para no volverlo a hacer jamás. Cada una es un mundo, uno desconocido, pedazo de algo, y otro conocido, asignificante para los muertos, y motivo para rezar, trabajar, no dormir, morir asfixiado, comprar una casa, pegarse un tiro y después matar a alguien. Y todo porque la realidad se nos escapa y estamos vivos pedimos más.

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