sábado, 31 de enero de 2015

El dios gato

Mi tía me acaba de contar lo que para ella es una experiencia única en su hogar en su pequeño pueblo de Zacatecas; un gato que subió a lo más alto de un poste de madera de los que sujetan los cables para conducir la energía eléctrica a las casas. 

La gente que lo vio quedó impávida, la primera expresión que hicieron los dos hombres más próximos fue: ¡¡HA!!, haciendo un gesto de impresión levantando las cejas y abriendo un poco los ojos. - ¡¡Se va a quemar!! - gritaban; refiriendo un muy posible electrocutamiento del gato. 

Nadie sabía por que subió el gato a lo más alto del poste; quizá el felino pensaba: quiero tener una mejor vista del lugar, quizá se sintió un dios entre los humanos y se comporto como tal, arriba de todo y de todos, ya había comido muchas aves para entonces. 


Se sintió notablemente superior en la punta del poste al ver que más y más humanos se aglomeraban para verlo y gritaban en su lenguaje que para el gato resultaba una forma de comunicarse inferior comparada con la forma en la que ellos, por medio de los más agudos sentidos como la vista y el olfato, se comunicaban a grandes distancias. 

¿Estaría el gato llamando a la máxima congregación gatuna para recuperar el espacio que los animales humanos habían destruido?

Pensé en lo aburrida que debe de ser la vida en ese lugar donde vive mi tía para que la gente se entretenga viendo como un gato sube y baja de un poste, pero hasta hoy no he visto tal llamado a la rebeldía.


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