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domingo, 14 de junio de 2015

Tres segundos: supernova

Ya se tiró el gatillo. Con listones de humo que danzan alrededor de su cuerpo, la bala avanza ganosa de perforar mi cráneo. A la velocidad del sonido, sesea aproximándose a mi oreja, como una serpiente de colmillos húmedos, hambrienta de oído, como tijerilla. Fragmenta en astillas la superficie, la alta temperatura del plomo hace más fácil el trabajo. Sonido taladrante. Penetra.
      Nos vemos en la esquina de mi cantón, mi Pepe, mi nombre falso. Esperé un par de horas en este jodido barrio, desconocido para mí, lapso en el que anduve sumamente erizo. Me sometí porque el Rocky, rostro de roedor, era mi único paro, el único dealer que me sacaba del hoyo. No había de otra. Llegó y en el momento cambié mi dinero por su cristal en un movimiento invisible, como de ilusionista. No nos despedimos. Intercambios después, me invitó a su madriguera, propuesta que acepté solo por la potencia estelar de su producto. Con la trampa más simple, me emboscó: me recibió un batazo en las rodillas; azoté, me ató y, después de un diálogo carente de sentido, me acaba de disparar.
     La bala evoca un hilo carmesí que desciende por la cesura de entrada. El plomo dialoga poco, porque va a prisa. Se desliza, nada ejerce la resistencia suficiente, quizá por su persuasión, y quién no accede, es avasallado. El cerebro, noble, la recibe con su blandura, la acoge y la cobija. Descortésmente, la bala rechaza la invitación al instante y huye del seso apurada. Las neuronas se organizan y forman paredes, pero, microscópicas, aunque millones, no frenan la furia. Destroza todo a su paso.
     Duele como una supernova. Estoy sentado en una silla de madera que se tambalea, rodeado de cuatro paredes de ladrillo de tierra carcomido y a mi derecha hay un tambo repleto de alguna sustancia que refleja el cielo negro cósmico estrellado, porque aquí es la orilla de la ciudad y la contaminación permite la estética celeste; también hay un cilindro de gas, envases de caguamas sobre la pila del agua y un pitbull que para las orejas y pone cara de asustado.
     La bala, ansiosa de oxígeno, se despide. La carne cierra el túnel que la bala dejó, como el derrumbe de una cueva. La ráfaga del proyectil se blande sobre el interior de la calavera y la hace vibrar con un estrépito imperceptible a los sentidos por su rapidez, inmedible por dimensiones humanas. El sonido taladrante de nuevo. La bala se aproxima a la luz al final de la brecha. Llegó a la luz.

     Nazco, veo, sonrío. Nalguean, lloro y ríen. Estoy. Como. Defeco. Regañan… Observo. Hablo. Camino. Coloreo. Estudio, aprendo, conozco. Creo. Convivo. Divierten. Imito. Lloro. Rechazan. Destruyen. Odian. Imito. Amo, beso, disfruto: hacemos el amor. Paseamos, corremos, creamos, destruimos, huimos. Escucho, desentiendo. Castigan, desentiendo: grito. Huyo. Conozco e ignoro. Cojo, consumo, disfruto, odio ataco sufro robo gasto disfruto y sufro, confío: muero.

martes, 19 de mayo de 2015

Nueva generación

I.                    Lenguaje
Pamplinas                              puta vergA
Repámpanos                          puta madrE
Recórcholis         putísima bomba madrE
Perfecto                                            arrA

Muy bueno                              está perrO
Me gusta                                      me latE     
Me fascina                               extasiantE
Muy mal                                       culerO

II.                   Realidad
Testigos, a distancia, de la gestación de la física cuántica
y de la colisión de cabrones,
estamos a la expectativa de una revolución de materia
de conciencia. o quién sabe

Los antiguos poetas no tuvieron que preocuparse de una catástrofe
total, fatal e irreversible. Miedo abismal, colosal,
indigerible con el consciente: se guardó en el sub sin nuestro
permiso.      
                   carencia de voluntad

Quizá hablo del mexicano, y más aún del tapatío clasemediero,
y quizá hablo de la humanidad condensada en una semilla.

III.                Destino
Nada.
Aunque,
con un poco de suerte
sembramos en el espacio.