viernes, 11 de julio de 2025

¿POR QUÉ DIOS NO PUEDE HABLAR?

 

Dios,

eres un puñado de versículos rotos en mi lengua de poeta,

líneas confundidas por luz torcida en la óptica de la soledad.

Eres esperanza nocturna llena de violencia,

humo que fue aspirado por los profetas hebreos.

Si tuvieras alma, serías una botella vacía olvidada en un patio soleado.

Si tuvieras carne, serías las costillas rotas que nunca sanan.

Tu boca es un abismo en el cielo inmóvil

tragando las dudas con polvo cósmico,

y cuando intento arrancarte de la garganta el verbo,

escupes estrellas muertas envueltas en plegarias viejas.

Tú no tienes voz, Adonay,

porque si tuvieras voz,

hubiera escuchado susurros de amor y no golpes negros en la tierra seca,

hubiera escuchado el colapso del mar y no el salmo en un domingo caluroso.

El señor te hubiera oído desde su gran corazón.

Por mi culpa no, por tú culpa,

aquí yace tu bendición:

desenterrando en el desierto,

desesperado,

con mis uñas ensangrentadas,

palabras, palabras,

palabras audibles, que logren saciar a mi espíritu contaminado.

oh, Padre, ¿Por qué me has abandonado?

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