Dios muta en presente,
su latido atraviesa el mármol del tiempo.
Dos mil años de civilización inclinan nuestros espíritus
hacia la herida de estas palabras.
¿De qué hablamos cuando la noche acumula alas rotas?
¿Quién no habla del paraíso perdido?
¡Oh! Metatrón desata tu canto oculto,
tu invención celestial en la mente de los poetas,
mientras el presente arde en todas partes
y todos llevamos cicatrices de su llama.
El infinito no es dios ni demonio,
sólo se desborda en la palma abierta,
allí crecen las líneas:
raíces de estrellas caídas,
nudos de muerte y comezón,
geometría del dolor.
¿Cuándo descubrimos que el ángel y el demonio
son dos ascuas del mismo fuego?
Cabemos en un puño
y en él, necesitamos dibujar círculos sagrados,
protección cabalística
porque el paraíso convertido en instante,
tiene el tamaño exacto de nuestra mano
y no sabemos abrirla.
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