Cuando
el árbol que regamos con sangre de paletos madure,
cogeremos
los frutos y machacaremos sus raíces.
Luego
volaremos sobre los mares para estrechar la mano de la Reina
y
asistir a sus festines fascinantes y sofisticados.
Una
profunda dedicación, un absoluto dominio de la voluntad,
un
obcecado estudio de la más potente alquimia,
nos
tomó descubrir el proceso a través del cual
la sangre de las ignorantes masas devenía en bienes materiales y divinidad.
Cuando
el árbol que regamos con sangre de paletos madure,
quemaremos
la tierra que lo alimentó y le permitió erguirse.
Esa
tierra que para nosotros nunca fue más que un medio,
un
objeto para impulsarnos y alcanzar nuestros elevados fines.
Quemaremos
también los puentes a nuestras espaldas,
para
que no nos sigan esas masas, esa subespecie de organismos atrofiados.
Nosotros
no tenemos amor por ninguna nación, por ningún estado.
Alguien
dijo (o debió decir): los ricos no tienen patria.
Nuestro
país se llama futuro
Nuestro
país se llama plutonomía
(Los
otros nunca apreciaron la elegancia de la etimología)
Nuestro
reino se llama Fin de la Democracia.
Ese,
y tan solo ese, será nuestro hogar.
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