sábado, 24 de noviembre de 2018

Rivaldo, G g. le escribe a su patrono.

Patrón (xolo) cachorro de un diositzkuintli, gemelo del águila emplumada, perro sin vello, atardecer o un momento fenómeno innegablemente acontecido al ocaso de un diablo cualquiera, sobre alguna azotea llena de humo:

    Le dirijo esta carta momentos antes de llegar esta lluvia siento se bebe en ir.

-20112014:

LA verdad de dios es que no sé cómo hice para demacrar tanto a este cuerpo, patrón. Aunque de otra forma también pienso; igual el haber estado 200 diablos seguidos sin masturbarse, cegaron como de cloro desde los ojos hasta la percepción u juicio de ésa, la siempre letal y rutinaria,  ésa mísera de allá afuera de aquí, ésa donde hay árboles y se palpa por real, donde ya ni existe la realeza porque la extinguieron y aunque la actúen en serio, se va a acabar, ésa que se da ante y en la cara de las otras, ellas, las que nos faltaron para hacer seres, en ésta de la que le hablo y que se destruye con cuchillo y balas de a peso escucho se ganan la vida más fácil que trabajarla toda. Ésa la perra de todos vida de la que le hablo.
     Pero ya me vine, ya, me toqué y la mera verdad nada cambió durante todo esos días, nada dentro de mí se hizo fascinante. Esta decisión me llevó a una luz y nada de nada, ninguna droga fue dictada tan dura como fue andar tan duro sin la masturbada. Aun con todo ese ácido con todo ese humo con todo el polvo con toda la roca con todo el cristal con todo el schverger del infierno, con todo… y con todas esas neuronas sacrificadas en el hoyo de un cuerpo como este, lograron ponerme a hacer lo que debo. Nada me relajó el alma para desquitar la herida-descargo, y toda esta verdad, que al final es tiempo y cambio del dinero para el camión; ante todos así elevado duré y aprendí a apreciar a este cuerpo como las piedras, solo lo dejé irse, como en el mar ahogarse, lo dejé sin poder tomarse de nadie más que del suelo. Pero antes de seguir adelante, un xolo o un sol, ése, ése mero fue aquel después de todo, aquello que ayudó  a decidirlo. Usted me hizo bajar, volver en él sin serlo, porque por esto le escribo a usted, porque lo merezco, porque el sol es la luz de esta tierra donde hasta los mayas lo demostraron, lo fulminaron; le enseñaron al cuerpo una vida posible de la que un lobo güero disfruta cristalina el agua de arena blanca, le enseñaron necesario abandonar a sus perros enfermos de la mísera realidad, y curarse en ser algo fuera de lo informal, de lo sin forma para algún día esfumarse todo lo que queda, todo lo que espera ser páginas de un libro.
     Y en un instante, después de venirse o justo en ese momento, nos decidimos y usted se fue para quedarse para siempre, patrón. Y fue entonces que regresé a trabajar, regresé para estar al cuidado de miles de libros, estar entre particularidades especializadas del conocimiento universal, y entonces ello parece un solución, una deuda con la imagen de otro que ya no se reconoce, otro o quizá él mismo, ubicado entre la punta de las pirámides (y me espera con un gorro puesto) se dice. Esto era la práctica de alguna solución, es una coherencia que se esconde bajo algún pedazo de sangre en la ingle del señor, es algún momento tirado cobre el suelo de algún oratorio de drogos que se elevó y nunca más volverá a repetirse, le escribo porque esto es lo último que encuentro de eso perdido en los anales de la existencia suspirada, de aquel señor milagro que golpeó a un poeta en la calle y se desnudó para tirarse a los coches en guanatos, antes de que la policía le salvara la vida. Y por tanto menos, de ésta, la dura decisión ante su rostro que cree conocer la verdad pegada a los dedos porque el periódico la anunció. La razón de amar más a los libros que a una mujer confirmo-le deforma el presente espacial ocupado por el aire. Me le repito igual y soy una desnaturalización corpórea ante uste, ante mi patrón o espero se encuentre bien.
      Finalmente espero reciba esto y lo tome y entendamos, a veces, para algunos humanos,  todo esfumable en nuestras manos desnuda al destino, esto es algo indecible, es decir incalculablemente preciso.

Postdata:
 Le redacto esta carta queme salió de usted antes de bajar del avión.
 Antes de mudar esa elevación tan distante a la que vuelvo para encontrarle pasar en si mismo.
Naturalmente admito aprovecharé con soledad, desesperados hasta que alguien, alguna de ellas al menos guste y ame masturbarme más de lo que yo podría hacerlo, en explosiones, sonidos decididos en gemidos al pedir besos firmes.
Al final, xolo, son esas lagrimas las de un adulto y su miseria con todo y bigote. Patrón.

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