lunes, 18 de diciembre de 2017

La gente feliz no sirve para nada


Dante fue rechazado toda la vida por la mujer que amó,
hoy es el gran poeta italiano.
Hemingway se voló la cabeza y Mayakovsky se
disparó en el pecho.
Cervantes estuvo preso en Argelia y sostuvo
combates en medio del océano.
¿Qué decir de Brahms?
¿Qué decir de Beethoven?
¿Qué, de Mozart?
¿Qué, de Galileo?
Mejor no mencionar a Hipatia de Alejandría.
No olvidemos a Pavese, que se tragó varios
frascos de pastillas en un hotel barato,
mira que hay que ser tonto para matarse
por una tipa, no importa lo hermosa que esta sea,
pero su literatura es maravillosa que da
gusto leerla.
El Che recorrió toda la Sierra Maestra
padeciendo asma.

Aquellos que se reconocen plenos, satisfechos
de sí mismos, perennemente felices. Y que tienen,
encima, la desfachatez de llamar al mundo un
lugar hermoso; no sirven para una mierda.
No aportan nada al bienestar de la especie.
No son más que una musiquilla molesta
en medio de la orquesta caótica de la creación.

Ya lo dijo el gran poeta Tarkovski:
El hombre no crea a partir del vacío;
el dolor es la semilla cuyos frutos son
los grandes actos.

Los infinitamente tristes son todavía más inútiles.
Aquí queremos a los con rabia.
Y a los que tienen grandes dosis de alegría pura,
para compartir con aquellos a quienes aman.

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