Soñé que en un cementerio olvidado de África
encontraba la tumba de un amigo
cuyo rostro ya no podía recordar.
Roberto Bolaño
1. Soñé que estaba tendido en una cama cuando de repente, una mano áspera y azul (aunque yo no podía verla) desprendía mi pie derecho de mi tobillo y lo guardaba en un cajón de plástico, junto a la cabecera.
2. Soñé
con Michelle en un salón de clases. Ella estaba sentada algunas bancas delante
de mí y su cabello era más rubio que en la vigilia. Por el movimiento de su
brazo supe que dibujaba. Me asomé por encima de su hombro y vi sobre el papel:
una cuerda, una mano, un dedo atravesado
por un anzuelo, un hombre ahogado y muchas nubes hundidas en el mar.
3. Soñé
que impartía lecciones de inglés, en un salón azul, ante decenas de
adolescentes sin rostro. De pie, con los brazos cruzados, consciente de su
belleza, desde un rincón Nubia me observaba. Al terminar la clase se acercaba y
comenzaba a hablarme. Me hablaba en inglés. Por la expresión de su rostro
intuía que sus palabras eran importantes, quizá imprescindibles. Pero no podía
entender nada: había olvidado la lengua.
4. Soñé
que Fidel Castro y yo caminábamos por las soleadas calles de Miami. Entrábamos
a una catedral en la que un grupo de negros entonaban cantos litúrgicos. Al
vernos, guardaban de súbito silencio y cubrían sus rostros con las manos, como
si estuvieran avergonzados. Fidel y yo subíamos a la parte más alta de la
catedral. Desde allí veíamos, a decenas de kilómetros mar adentro, los cuerpos
de disidentes cubanos que flotaban sin vida sobre las aguas del pacífico. Fidel
comenzaba a reír. Al escucharlo me sentía alegre y me invadía una gran
tranquilidad. El clima era agradable. Yo también comenzaba a reír.
5. Soñé
que estaba en la playa. El cielo se hallaba cubierto por dos enormes cortinas
color perla. Las cortinas comenzaban a abrirse: pero nunca terminaban de
hacerlo.
6. Soñé
con un tipo de mi adolescencia. El chico había muerto en una operación a
corazón abierto; sufría de deficiencias cardiacas. En el sueño lo encontraba
caminando en el interior de una plaza comercial. Se acercaba a saludarme con
los labios y las uñas muy morados; como cuando estaba vivo. De su billetera
extraía la fotografía de un niño cuya imagen me es imposible recordar. Es mi
hijo, me decía. La fotografía del hijo que habría tenido de no haber muerto.
7. En
el sueño hablaba con un hombre llamado Aluvión. Según me contaba, había llegado
de un planeta externo a nuestra galaxia. El objetivo de su civilización era
llevarse a todos los oprimidos de esta tierra; no me explicó la razón. Su
civilización, me decía en el sueño, no representa ningún peligro para la
nuestra. He estudiado su capacidad armamentista sin descubrir en ella un riesgo
real para nosotros. Sin embargo, continuaba diciendo Aluvión, hay algo que aún
me intriga y que, de ser contagioso, podría resultar pernicioso para los míos:
la infinita capacidad para la estupidez que poseen los seres humanos.
8. La
belleza se refugia en ella. La belleza la habita. No hay ninguna estrella en el
cielo de la ciudad. Desde un rincón la miro, con un vaso de licor y un
cigarrillo entre los dedos. Sé lo que no es bello, pero ignoro qué es la
belleza. Me pregunto si la guardará en sus tobillos o en las líneas y la
longitud de sus piernas. Si estará en su breve cintura o en la arrogancia de
sus manos. Un centímetro más, un centímetro menos, y la belleza no habría alcanzado a concretarse.
Ella sonríe. Apuro mi bebida, arrojo el cigarrillo al piso. Miro el cielo en el
que no hay nada. Cierro los ojos y paso una saliva amarga.
9. Soñé
con Ana: caminaba por los campos Elíseos: blancos por la reciente nevada. Al
verla andar por los pálidos caminos, y a mi pesar, sentía odio. Ella
representaba todo lo que más detesto: la burguesía, el imperialismo, el
clasismo, la oligarquía. Y también lo femenino inefable, inmaterial, eterno; que he guardado
desde mi nacimiento a la mitad del alma y que ha perturbado mi vida desde la
niñez. Cuando desperté, me encontré con que la almohada estaba húmeda.
10. Soñé
que Michelle y yo caminábamos alrededor del Estadio Jalisco. Parecía ser de
madrugada: no había una sola persona a la vista. Tan sólo las luces de las
lámparas públicas estaban encendidas. Ella se adelantaba unos pasos, luego, se
daba media vuelta, se acercaba a mí y me besaba, muy brevemente, en los labios.
Sentí, en el sueño, vértigo y felicidad profusos. Michelle, que había vuelto a
caminar, tarareaba entre labios. […] Las rasposas patas de una cucaracha que
caminaba por mi rostro me despertaron. Asustado, arrojé al piso al animal que
de inmediato se ocultó bajo un mueble. Mis labios estaban resecos y había un
sabor amargo pegado a mi paladar. Era tarde: pasaba del mediodía.
11. Soñé
que la nostalgia era una mosca que volaba peligrosamente cerca de las
telarañas.
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