miércoles, 22 de marzo de 2017

Los vidrios de la ventana parpadean (fragmentos)


Qué extraña la naturaleza
de este humo en la consciencia.
La música y el sol entre las
celosías me producen temor
y al mismo tiempo alegría.

Que los demás sentidos me
digan del mundo.
Mi vista está volteada hacia
dentro.
         Qué lejos están mis ojos

***

Me beberé sus ojos
en una taza de oro,
para no dormir

***

Una adolescente ahorcada:
mirad como pendula.
En el atardecer
la sombra de su cintura
parece arder

***

Cada hoja de
cada árbol contiene
un mapa de cada
patria jamás creada

***

Qué nubes,
qué cielo,
qué ventana
partida por metales.

En esta tarde,
en este instante
extendido en la
consciencia.

***

Desdobla tus ojos
y mírame en rededor.
Como si fueses una
cobija hecha de noche,
con un corazón de
madre; y yo, un niño
recién nacido con
estrellas en las manos.

***

¿Ustedes han visto
respirar al mundo?
¿Hincharse las paredes
y las puertas? ¿Han
escuchado la respiración
de los pájaros? ¿El
murmullo de los elec-
trodomésticos? ¿Las
conversaciones en voz
baja de la ropa sucia y
las vajillas? ¿Se han
sentido, súbitamente,
objetos orgánicos entre
los objetos?

***

¡Aleluya! Ondean
mis cortinas de oro.

¡Salve! Por mis vicios
de tenaz anhelo, de
indómita voluntad.

¡Gloria al elefante
en la cuerda del equi-
librio del cielo!

¡Bienaventurada la
albahaca marchita
que guardo en el cora-
zón de mi espíritu!

***

Pobre criatura,
mírala, abando-
nada a su suerte
a la mitad del
camino. Las alas
de su corazón
quebradas, y un
pájaro ciego can-
tando bajo sus
párpados ¿Por
qué no la matas?

***

Citerea, tu hijo
cegó mis ojos con tu imagen,
calló los sonidos con tu nombre,
cerró mi corazón contigo dentro

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