Qué extraña la
naturaleza
de este humo en
la consciencia.
La música y el
sol entre las
celosías me
producen temor
y al mismo
tiempo alegría.
Que los demás
sentidos me
digan del mundo.
Mi vista está volteada
hacia
dentro.
Qué lejos están mis ojos
***
Me beberé sus
ojos
en una taza de
oro,
para no dormir
***
Una adolescente
ahorcada:
mirad como
pendula.
En el atardecer
la sombra de su
cintura
parece arder
***
Cada hoja de
cada árbol
contiene
un mapa de cada
patria jamás
creada
***
Qué nubes,
qué cielo,
qué ventana
partida por
metales.
En esta tarde,
en este instante
extendido en la
consciencia.
***
Desdobla tus
ojos
y mírame en
rededor.
Como si fueses
una
cobija hecha de
noche,
con un corazón
de
madre; y yo, un
niño
recién nacido
con
estrellas en las
manos.
***
¿Ustedes han
visto
respirar al
mundo?
¿Hincharse las
paredes
y las puertas?
¿Han
escuchado la
respiración
de los pájaros?
¿El
murmullo de los
elec-
trodomésticos?
¿Las
conversaciones
en voz
baja de la ropa
sucia y
las vajillas?
¿Se han
sentido,
súbitamente,
objetos
orgánicos entre
los objetos?
***
¡Aleluya! Ondean
mis cortinas de
oro.
¡Salve! Por mis
vicios
de tenaz anhelo,
de
indómita
voluntad.
¡Gloria al
elefante
en la cuerda del
equi-
librio del
cielo!
¡Bienaventurada
la
albahaca
marchita
que guardo en el
cora-
zón de mi
espíritu!
***
Pobre criatura,
mírala, abando-
nada a su suerte
a la mitad del
camino. Las alas
de su corazón
quebradas, y un
pájaro ciego
can-
tando bajo sus
párpados ¿Por
qué no la matas?
***
Citerea, tu hijo
cegó mis ojos
con tu imagen,
calló los
sonidos con tu nombre,
cerró mi corazón
contigo dentro
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