martes, 28 de marzo de 2017

Juan G.





EL PERRO

El poema no pide de comer. Come
los pobres platos que
gente sin vergüenza o pudor
le sirve en medio de la noche.
La palabra divina ya no existe. 
¿Qué puede hacer el poema, sino
contentarse con lo que le dan?
Después aullará por ahí
sin respuesta, será
otro perro perdido

en la ciudad impiadosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario