domingo, 11 de diciembre de 2016

Frío

De lo profundo nace el frío. Sube por las raíces. Corre con las aguas subterráneas. Y hay orgullo en las personas. Y todos creemos ser un poco más que nada; un poco más de lo que en realidad somos. Pero el frío sale de lo profundo, sube por las ramas, y las flores le expulsan como un aliento de color blanco. El frío llama a todos sus hermanos, les pide que despierten de su letargo. Y dentro de nosotros el frío abre sus ojos: pequeños ojos de frío se abren en la superficie de nuestros huesos por debajo de la piel y el músculo.
En este pueblo que los ojos de todos los que he sido han observado por tantos años, comienzan a abrirse flores blancas. Cuánto cansa el conocimiento de cualquier cosa. La vida desgasta al ser y, conforme el entorno se vuelve cognoscible, lo que existe fuera nos muestra una faz detrás de la cual se oculta el vacío. Cansancio de la atroz invariabilidad de lo que existe, de lo que ha sido y de lo que será.
Mis ojos en el rostro de un niño veían el cielo abierto. Aquella mente mía para lo que todo estaba revestido de un dinamismo inagotable se ha ido, ahora no es más que un recuerdo poco fiable.
Nadie juega un papel importante en el mundo. Todos repetimos una y otra vez la misma historia. Se está dentro de la vida sin pensamiento o se contempla y medita desde el exterior. Se vive sin pensar. La carencia de cualquier elemento pensante es un requisito para el que anhela vivir. El pensamiento destruye la vida, le es adverso. El pensamiento es esencialmente destructivo. Cuando vemos algo, y lo pensamos, ya comenzamos a descomponerlo en partes: la destrucción primera es la inteligencia.
El frío es la distancia de nuestra primera etapa inconsciente. El frío es la lejanía de aquel lugar húmedo y cálido. La muerte es blanca como el frío. El blanco se halla en la otra orilla, a la que nadamos sin otra opción desde el primer movimiento de nuestros brazos.
Nadamos o caemos por la vida. Se puede caer hacia arriba. Se puede nadar por el cielo.
He visto a mi madre y me sorprendió la escarcha en su cabello. He visto a mi tía Chuy, y me sorprendió la nieve que caía en su cerebro. Le pregunté en sueños a mi hermana: ¿por qué tus labios y tus uñas son azules? y me respondió que hacía ya tiempo la había alcanzado un camino nevado. Pronto te alcanzará a ti también, me dijo, y yo miré en la dirección que apuntaba la uña azul de su dedo índice, y vi un camino blanco que estiraba sus manos hacia mí.
No importa en qué lugar estés. Un día verás caer la nieve sobre el cabello de tu madre. Un día verás los labios azules. Un día estarás braceando a la mitad del cielo. Verás a los osos polares bajar corriendo por la montaña. La hoja en blanco se parece al último paisaje.
Nunca sabremos nuestro pecado, esa es la parte más refinada del castigo; la parte más filosa de la navaja en la mano que es todopoderosa. El vientre de la madre es cálido, estrecho, oscuro y húmedo. El vientre de la muerte es frío y se extiende en distancias infinitas. También es blanco y seco. Hacia él nadamos todos. Reposaremos con ojos abiertos que no verán más que el blanco, con la espalda sobre el hielo y la nieve corriéndonos entre los dientes. Y es importante saber que el vientre de la muerte nunca se vacía. Es la de la muerte una gestación eterna.

No hay comentarios:

Publicar un comentario