domingo, 30 de octubre de 2016

"Pictor et ingenierius ducalis"

 Leonardo Da Vinci sólo  tenía sexo con mujeres

para dibujarlas

miraba fijamente su expresión durante el sabor del himen

y luego hacía bocetos de procesiones de espasmos

-puedo escuchar un latido del corazón- gritaba

En aquellos días Italia no tenía nombre

ni se inventaba la alegoría renacentista

pero Leonardo ya compraba cadáveres de vagabundos

para estudiar la anatomía

y para soñar

soñaba que tronaban sus huesos y desaparecían

 para asomarse por la ventana de libertad

en forma de mariposa.

Olía a lienzo mezclado con perfume a lirios y a colores a genialidad pictórica:

-Meser- dijo Leonardo dirigiéndose al lector  con unos ojos dotados de
una poderosa fuerza- sería para mí un honor prestarle a Vuestra Gracia tan insignificante servicio:
la búsqueda del todo, lo escandaloso del arte y la ciencia de lo oculto y lo terrenal,
porque al final cuando se quebré el Origen y los sabios como Homero y Virgilio, Platón y
Aristóteles sucumben en el olvido, la sabiduría y la lógica serán su antorcha, quien sabe poco
ama poco, el amor es el gran hijo del conocimiento-

entregado a sus meditaciones, Leonardo siguió concentrado

en el pincel que dibuja a La Gioconda, 

 retoca su semblante en forma de humo intentando ver el

fondo de la sonrisa femenina más allá del

enfoque de nuestros ojos

ojos que no alcanzarán a ver la silueta de Florencia

sobre un cielo puro, extraño inexistente

pero más real

que la  infinita lentitud de la propia imaginación

del homo universalis.




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