domingo, 16 de octubre de 2016

Dos fragmentos de una carta extraviada



Nunca había visto un día más bello para morir:

El sol se oculta dulcemente tras las nubes
Ningún pájaro vuela el día de hoy
Todos caminan, mutilados, entre las personas
Sobre la gran puerta de la catedral está escrito:
“Yo soy la puerta”
Y es tan obvio, tan real desde siempre,
Tan carente de todo significado

Entre la grava que despiden las máquinas la hierba crece
Y el aroma del viento, Dios, el aroma del mundo
Todo huele al seno de mi madre
Todo huele a otra parte, a despedida
La claridad que entra por las cortinas
El extraño color del cielo
Son campanas que un heladero toca desde mi infancia

Todos los niños sonríen con una malicia tangible
Los automóviles recorren las avenidas en reversa
Yo camino hacia atrás, cayéndome a cada rato
Pequeños vidrios en el asfalto sangran mis manos

Nadie cree lo que digo, nadie podría creerlo
Me hace reír la cordura de la gente
Me hacen reír los llantos que, atravesando las ventanas,
Se escapan de los hospitales

Qué bellos los colores de las flores esta tarde
Qué deliciosa forma de alzar las manos e implorar al cielo
Qué bello día para abrirse las venas
Qué bello día para ser un árbol del infierno

Mis queridos insectos sin nombre
¿Qué es lo que aman tanto de la recóndita madera?
Debe ser su olor de planta muerta
Sí, debe ser eso
O quizá su color de carne y sed
Sí, es eso sin duda

No es posible llorar de rabia o de tristeza
No es posible estar en otra parte
Ni tampoco estar aquí solamente
Me duelen la música, la aliteración, el color dulce
Me duelen la tinta, el pasto y las paredes

Me gritan los cadáveres de los perros
Que han sido arrollados en las carreteras:
“Así que apresúrate a terminar con la vida
Para así acabar con la muerte”

…..

Es una mañana fría
Apenas hay nubes bajo el cielo
Si tú me respondieras acaso viviría
Quizá mi corazón no mirara tan lejos

Señor, la miel no logró endulzar mi avena
Las termitas han robado la solidez de mi mesa
Quería matarlas a todas pero al final sentí lástima

El día de ayer quise llorar de rabia
Y las lágrimas se quedaron temblando en mi retina
Mas ¿no será hoy el día en que teñiremos
De rojo los pavimentos grises?

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