miércoles, 17 de junio de 2015

Una mujer humilde...

Una mujer humilde, sencilla
Que antes de terminar la primaria (máximo nivel de estudios)
Tenía ya que desvelarse y desmañanarse en el trabajo

Una mujer lacerada por seres metafísicos e hipertensión arterial
Una mujer en la que, como dijo Efrén Hernández,
cada hijo es una raíz de espinas que se revuelve en el pecho

Simple, débil y fortísima al mismo tiempo
Devota, ora a un dios indiferente y remoto
Sola, rodeada de odio y doloroso amor

Ha leído más que el presidente municipal de mi pueblo
Sin pretensiones, respirando apenas aquella atmósfera
de los Clásicos Griegos, de Márquez, de Rulfo y también
de basura comercializable

Ha entendido que la corriente del amor verdadero sólo puede
desembocar en dos océanos: el de la angustia y el del olvido
Y eligió, a conciencia, el primero de ellos

Una mujer humana, real, llena de culpas y de errores
Pero también capaz de sembrar la semilla de la poesía
en el corazón del que ahora canta

Yo quisiera darle, a usted, viva albacea de indecibles miedos
algo que no estuviese relacionado con la muerte y sí
con los árboles grandes y con las palomas

Yo quisiera darle, a usted, rumor de trigo, cascada de peces vivos
algo que no estuviese relacionado con la desesperación y el espanto y sí
con el chocolate y con las cabañas quietas y el agua

Pero no me alcanzan ni la voluntad ni el dinero
Ni las fuerzas ni esta voz con que le canto
ni la imaginación ni la violencia ni el llanto

Deme mi raíz de espinas para guardarla en el pecho
Y que a los dos, a usted, brisa fresca de la infancia, y a mí
Nos llueva la misma lluvia agónica
y el destino de flores negras nos florezca juntos.

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