lunes, 22 de junio de 2015

FIlosofía de la desesperanza

Durante semana santa la iglesia del pueblo no oficia. Los iconos son cubiertos por telas púrpuras. Las campanas guardan un silencio ceremonioso. Miran arrogantes por encima de los árboles más lejanos. El niño camina con la mochila rota y el hambre a cuestas. Sobre la cruz más alta se ha detenido un cuervo. Anoche el niño soñó a un dragón de siete cabezas. De su pico cuelga una entraña aún sangrante. La corrupción erigió esta iglesia. Por la mañana el niño robó a su madre las pastillas de colores. Sobre la cruz más alta el cuervo comienza a hablar. Las campanas meditan y sus metales vibran. El niño entra a la iglesia y observa. En su pupila dilatada cabe toda la luz. No hay nada benigno aquí, nada benigno, nada sagrado. Bajo las telas púrpuras el niño ve fluir la sangre. En el confesionario: gusanos como sobre un cadáver. En un cuarto al fondo el sacerdote cuenta dinero ensangrentado. En el culo de la hermana y en su pecho el diablo se recrea. Bajo tierra un dragón de agua se sacude. El santísimo es el oro y nada más. Encerrándose en sí mismo como un espiral que se encoge el niño ora. Señor mío Dios mío haz que muera toda la gente haz que muera toda la gente haz que muera toda la gente…Y llora. Tras el altar el diablo lame las heridas de cristo que van llenándose de pústulas. Las campanas se agrietan. La corrupción se empodera. Los más buenos son pecadores por omisión. Los más, por estupidez. El destino del mundo está en manos de idiotas. El mal hace mucho ha triunfado. De las pústulas salen cucarachas. El niño sale corriendo. A la salida el cielo es más gris y las nubes más pesadas. Los pedazos de campana suenan a gritos al tocar la tierra. Todo parece igual y no lo es. En los rostros de las gentes risas ajenas. Lejos de toda voz de toda súplica se encuentra Dios. Del pecho del niño brotan dos grandes arañas rojas que rápido se alejan del cadáver. Y arriba, saciados de entrañas, los cuervos comienzan a vomitar salmos oscuros…

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