martes, 16 de junio de 2015

Sobre el hurto de libros

Robar un libro es el único y legítimo acto de anarquía. En contraposición a la fugaz impotencia de las bombas molotov el libro hurtado es una llaga abierta en el lomo de la bestia capitalista y una semilla en la mente del audaz. Gabriel Zaid mencionó que la lectura es doblemente cara por el costo del libro y el tiempo invertido en leerlo. Bueno, nosotros no tenemos ni tiempo ni dinero pero no nos importa y no por eso seremos despojados de las herramientas necesarias para el cultivo de nuestra invención. Robar un libro constituye un acto de liberación ante un sistema jerárquico que nos ha colocado en la parte más baja de la pirámide. Porque no se supone que si eres joven y tercermundista puedas perder el tiempo leyendo. Pero leer es una enfermedad. Es también un acto absurdo que obedece a la misma absurda lógica que ha valuado en setenta pesos un día de trabajo. Y bajo este criterio defenderemos el sagrado derecho a la biblioteca personal. Porque si invertimos tanto tiempo y tanto futuro en un ideal ignorado a propósito por el estado tenemos el mínimo derecho a la materialización de nuestro objeto de estudio como herramienta indispensable. Muchos nos juzgan y sin embargo no tendrían el menor reparo en recibir un libro robado. La verdad es que pocos tienen el valor, tantos menos la habilidad y casi nadie la certeza ideológica. 

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