lunes, 4 de mayo de 2015

Arpón

Me gustaba verte dormir y no tocarte
niña mía, frágil y elástica, pequeña
hierba en la montaña.

Qué instrumentos desconocidos
guardabas dentro de tu pequeño cuerpo
que cuando respirabas parecías la noche primigenia

Quería darte todo mi dinero
y los libros del cuarto cerrado con llave
y la cortina de carrizos de mi abuela

Niñahierbafragildelamontaña
así dormida envolvías en plata mi corazón simple
como los gusanos envuelven de seda los vacíos

Diez días con sus noches caminaste a mi lado
cuánto color negro cabía en esos ojos
que las fronteras de la noche vacilaban

Quería darte el pedazo de salud que aún conservaba
y mi cordura que entonces vivía famélica
y la sustancia objetiva de mis pesadillas

Porque cuando tú reías
había una o dos estrellas más en el cielo
y la sed de las venas de mis brazos no apremiaba

Pudiste haberme amado
lo sé porque me mirabas en silencios largos
y me buscabas entre mis escombros

Pude haber sido amado
lo sé por la manera en que apretabas mi mano
y me pedías que te leyera un poema

Pero olvidé pasar el pestillo a aquella puerta
y el destino en ti encarnado
entró sin hacer el llamado de cortesía

Y sentiste el pavor de ver mi brazo
estrangulado por aquella culebra de goma
fría fría caricia de la muerte breve

Te asustaron mis venas palpitantes
y aquel arpón que vomitaba dentro
un líquido tan oscuro tan oscuro

***

Has cerrado la puerta y te has marchado para siempre
Me moriré aquí dentro mirando tus fotografías
Puedo escuchar mis partículas cayendo al suelo.

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