Me
gustaba verte dormir y no tocarte
niña
mía, frágil y elástica, pequeña
hierba
en la montaña.
Qué
instrumentos desconocidos
guardabas
dentro de tu pequeño cuerpo
que
cuando respirabas parecías la noche primigenia
Quería
darte todo mi dinero
y
los libros del cuarto cerrado con llave
y
la cortina de carrizos de mi abuela
Niñahierbafragildelamontaña
así
dormida envolvías en plata mi corazón simple
como
los gusanos envuelven de seda los vacíos
Diez
días con sus noches caminaste a mi lado
cuánto
color negro cabía en esos ojos
que
las fronteras de la noche vacilaban
Quería
darte el pedazo de salud que aún conservaba
y
mi cordura que entonces vivía famélica
y
la sustancia objetiva de mis pesadillas
Porque
cuando tú reías
había
una o dos estrellas más en el cielo
y
la sed de las venas de mis brazos no apremiaba
Pudiste
haberme amado
lo
sé porque me mirabas en silencios largos
y
me buscabas entre mis escombros
Pude
haber sido amado
lo
sé por la manera en que apretabas mi mano
y
me pedías que te leyera un poema
Pero
olvidé pasar el pestillo a aquella puerta
y
el destino en ti encarnado
entró
sin hacer el llamado de cortesía
Y
sentiste el pavor de ver mi brazo
estrangulado
por aquella culebra de goma
fría
fría caricia de la muerte breve
Te
asustaron mis venas palpitantes
y
aquel arpón que vomitaba dentro
un
líquido tan oscuro tan oscuro
***
Has
cerrado la puerta y te has marchado para siempre
Me
moriré aquí dentro mirando tus fotografías
Puedo
escuchar mis partículas cayendo al suelo.
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