miércoles, 4 de marzo de 2015

Comala me miraba futurista

El carro se detenía, las calles y edificios seguían segando la infinitud en piezas de privación, las personas me miraban como bestia aventanada, olfateaban mi baba en el asfalto y veían cómo se evaporaba entre los espejismos del tránsito, los perros bailarines seguían con su Can Can infernal sobre los comales de la glorieta que los mantenía como cerberos vigilantes, resguardando las palabras de Rulfo y las piedras del Páramo.

La humedad del viento parecía volver los pulmones en globos de vueltas de mundo y la ahora carroza ganaba aplausos entre las palmas de los transeúntes que se rostizaban caminando en llamas.

La nostalgia de las praderas primaverales sólo estaba en las luces del semáforo oxidado y en los deseos de retorno de los camioneros adormilados porque en las macetas solamente unas cuantas plantas habían podido sobrevivir el rocío de plasma, a la tierra magmosa.

El aliento a podredumbre de los restos de animales que buscaban sin descanso la lluvia que no llegaba en la tiendita de la esquina disolvía el sudor en asco, mientras yo abandonaba la idea de salir de aquel lugar de fantasmas olvidados, de homúnculos hirviendo en su ensimismado paraíso, de aquel oasis cárnico de agonía delirante. 

Imagen vista por última vez el 3 de marzo del 2015 en la dirección de internet: http://www.panoramio.com/photo/1946151 

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