Orgullosos de tener 4 patas de perro en lugar de dos de rata, andamos juntos cenando de las sobras de la vida barata. Todo muy a gusto hasta que llega el perro Josué y con su pinche caballo te mata.
En la cima de un monte allá por la calle que llaman patria, conocí a un hombre nórdico de aspecto pirata; no pregunté su nombre -no me entenderá- pensé. Oh, sorpresa, cuando me dijo que Jesús Villarreal se llamaba.
Efectivamente se abrieron las puertas del infierno, salió una foca endemoniada, "saquen el toque", ella exclamaba. Para entrar al infierno en un duelo de ajedrez tenía que derrotar a la foca malvada, con música satánica, brebajes y olores, ella siempre me ganaba.
Cansado de intentar al infierno ingresar, recordé al hombre nórdico y lo invité a fumar. "La foca no me quiere dejar entrar", le dije; respondió "no te preocupes", soy el hombre de fibra que lo vencerá.
Entre la foca guardián del infierno y el escandinavo fibroso ancestral una partida épica en las puertas del infierno se realizaba que al jardín de filosofía me recordaba. A medio juego cuando ya sin reinas estaban, fumaron de la misma pipa, la paz entre la foca y el nórdico estaba pactada y fuera del infierno otra vez yo me quedaba.
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