jueves, 22 de enero de 2015

Dos poemas para Elizabeth




1.     Sin título

Que Elizabeth pase sus dedos entre sus cabellos toda la vida
Que camine por el lado fresco de la calle
que su risa dure, que su mochila no pese
que en su cuarto, sola, callada, abra los ojos en la dicha
que se sonría cuando nadie la ve.

Yo haría un camino de violetas y arándanos para sus pequeños pies
Y para sus ojos dulces haría un jardín de flores y pájaros pequeños

Quiero que Elizabeth se recueste bajo la sombra de un álamo antiguo
y que sienta al mundo girar bajo su cuerpo breve.
Que ninguna lágrima desande los caminos de su rostro,
que el dinero no pueble sus deseos, que no murmulle a sus oídos.
Que el odio no repose a su lado por las noches

Yo le regalaría un país deshabitado y me sentaría a su lado a escucharla hablar /
                                                                                         sólo mirando.

Pequeños mecanismos de luz vuelan sin descanso entre su melena
y sombras parecidas a insectos reposan al amparo de sus ojos-melancólicos.

Yo he recorrido calles sin nombre a su lado
Ajustando mis pasos a su figura esbelta:

calle libélula
calle ambrosía
calle garabato
calle guijarro
calles que ríen
calles que miran calladas las llamo ahora.


2.     Mich

Ya no pelearé con el espejo
Ahora sé lo qué es el reflejo

Ya no desapareceré del mundo tampoco

Mi ama se pasea desnuda por la habitación:

los breves vellos de todo su cuerpo
brillan dorados al atardecer

¿Qué no darían los hombres por ver lo
qué yo veo?

La línea sagrada, precisa, dibujada a luz,
que va de su nuca a sus talones.
Los lunares, las pequeñas cicatrices
que las ropas ocultan como pequeños tesoros.

¿Qué no darían por ver el movimiento
de sus labios hablando en soledad?

¿Qué no darían por ver a mi ama
moverse delante del espejo?

No pertenece a este mundo
la visión que se oculta bajo la piel
de su breve espalda.

Y la mirada que brota de sus ojos
como una sustancia embriagadora:

Casi visible

Inconmensurable

Súbita

Cuando escucha un melodía
tendida sobre su cama
parece deshacer la materia que la rodea

A mí no me importaban todas estas cosas
a mí tan sólo me importaba saltar
permanecer arriba y volver a saltar.
A mí tan sólo me importaba dormir
y soñar que soñaba.
A mí tan sólo me importaba pelear
con el que yo creía ser otro gato del espejo

Pero hoy, al fondo de la miel
que son los ojos de mi ama
descubrí lo qué es el reflejo

Me largo de este lugar luminoso

Ya jamás desapareceré del mundo.





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