sábado, 30 de noviembre de 2024

ultimatum

 Ofrenda invocación

Cierto desánimo aturdido, monosilábico y apático

despojado de soles templados, acercado al fino (aperreo)

de 1 espíritu arrimado a los ojos, antiguos descuidos

incesantes como crecida yerba mala entre un baldío.

Asegún el cuerpo (sol 1-xolo) del templo,

la limosna consciente del saber de un enfermo,

concierto de abulia sonrisa o energía gris y fría,

rompe la muela dentro de una mueca mestiza

y la telaraña entre la comisura de labios y saliva.

(un leve ruidito quebrado de flor triste con alegría)

Donde quedas al parejo, en modo alguno derrotado

los resortes del colchón no hunden al condenado

en silencio, sino son recias palabras muertas

de esperanza fugaz contra el fuego de ciertas estrellas.

(ojos al efecto íntimo de un infierno trazado con acuarelas)

El desánimo elevado es perpetuar el motivo de una corazonada

que nace de amor mal  hecho bajo un suspiro helado 

frente a una ventana rota y la mirada estancada

de un piloto automático, que no hace tierra derrotado.

Arden las vocales de ciertos perros, cuando ese cholo vuela

y se despega el aroma a gardenia, desde esta azotea

se le ve flotadita la vibra, cuando una palabra desbalancea

esa mera que entre suspiros, le contaba su abuela.

Nacimos galaxias sobre los labios de un dragón

inferior, el desquicio estremecido quemante, respiración

de memorias profundas, arrimadas bajo efectos de Resistol.

(Ese nahual que respiro, recuerda en la sangre un rocío del deseo o xolo sol 1 destino).

 

Bajo este diablo nácar

Cargo un gesto fiel

y algodón de azúcar

 pegado  a la piel

donde me hablo de usted,

Y por los poros

Recaen cenizas

 de un desarraigo

qué arrolla el canto

De ciertas mujeres.

El soldado y sus colibrís

Avenidos del este

Anuncian enredaderas

En los muros qué protegen

Al mar de la mente

Y de su jugo la menta

À la mirada de ala oeste.

Hasta que pega en la ingle

Una sensación dorada

 el requesón añejado

De un amor olvidado.

O ya mejor mira

 que te regalo un rayo

Perdido en el océano.

Una ventanita al sol entre tu tiempo,

un ranchito de durazno colorado

desde tus pómulos alumbrado

para despertar al becerro que te planto

 bajo nubes nunca tibias pero leves

 

así  medirnos la distancia

como cuerpos celestes

Arrastados por el escepticismo universal

De necios arraigos

Hincados en el templo desertado

de una religión rupestre

Extinta en pedacitos de luz

y nados en la playa

Hasta alucinar tu estrella

Favorita en  medio

 de este basurero

agregarle anillos de fuego

Por donde brincan leones

Para sobrevivir al dinero.

Embarra estas

Palabras con letras de cuarzo

Y mantengamos en secreto un tiempo

Pegadito al corazón de la flor y el canto.

Mientras por entre la sangre

haremos del polvo

Un estallar con cada ruido

en cada eco

Una esquina

 cercada a

Esa manía repentina de

Ahogarme bajo el color

 De tus ojos y un Dios

Sintonía, enmascarado

Conjunto a las plumas

De un corazón volado.

Son síntomas de tu reflejo

Entre las uñas enterradas

À mi centro.

El magma de un cerebro real

Atemazcalado con piedras de una oscuridad

Quemante quemente quemane

Un chorrito de tu figura

Frente a las fogatas de todas las constelaciones

qué prometo encontrar alunizando en tus lunares.

una reverencia a este planeta tan tuyo, tan

Azulado de atardecer bajo una palma, morada mía

En lo que amanece y te des-apareces.

estos líquidos de un río allegado a un temple

cenote nahual sin infierno imaginario,

un dios xolo sin planeta ni rito

anda en una carreta solo siendo

un tono de tu silueta que lo sujeta

Promesa al fuego tisnado, amigo del aguante mearedo, compa del viento bien humeado, espejo flotadito y un alucín ave de la onda asimétrica que se viaja magnética de este a oeste despegue galáctico

sin finito.

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