sábado, 16 de junio de 2018

Castoriadis


El tiempo no es nada, por lo tanto, ya nada es creado. Sin embargo, alguna vez sí que existió el tiempo, por eso es que hay un mundo lleno de cosas: seres y objetos que también son seres. Ante la ausencia del tiempo la creación resulta imposible; es su inverso lo que ahora sucede. Llamar a este inverso destrucción sería impreciso, cuando no erróneo o completamente equivocado. En la actualidad asistimos a una creación que camina hacia atrás, algo que va dejando de existir pero sin destruirse, algo que se “descrea”, que va descreándose. Parece un carrete de hilo que se descorre la realidad. La inteligencia se desinstala en polvo dorado que no llueve. La vela se apaga y se torna completa nuevamente. Descrear es olvidar. Un día no muy lejano las aves olvidarán como volar y andarán las banquetas angustiadas. Un día no muy lejano los ríos se detendrán en el umbral de los mares. Un día no muy lejano dejaremos de entender cualquier cosa (entendemos/construimos, entendemos/creamos). A nuestras espaldas ha quedado el cadáver del tiempo, y sin él ya nada nace, ni muere, ni puede ser creado; porque es el tiempo la fertilidad primaria. Que nadie pase de este punto. Dejémonos caer de espaldas. Que el abismo se eleve con nuestra caída. Veo un barco en la tormenta. Veo un cuarto desordenado. Nuestra caída es una sin fondo.

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