A
ese, el del cuarto G-4. Ahí, con todo, han tenido sólo a mí carnal ya hace más
de dos semanas, dicen que es lo que más le conviene, pero en todo ese tiempo
los pendejos doctores, especialistas de este rancho, no han podido definir su
condición. Llegan con explicaciones de algo que lo ataca al dormir y no lo
afecta mientras no se vaya a soñar.
A él le gustaba salirse y ver el cielo, después, agachar la mirada hacia su rancho, obligando
el sentimiento a encerrarse a su cuarto donde guarda las fotos de sus viajes.
Antes de irse, mi carnaza era buen pedo,
no había un pinche problema que lo asustara. La necesidad lo tuvo siempre al
tiro en un lugar como el que vivimos. Mí jefa Santa siempre lo chingó para que
terminara la prepa por lo menos. Y así
como ahora me dice, le dijo a él: “cuando la hayas pasado mijo, dejaré que su culo
se convierta en un papalote y lo podrá volar por donde más guste sin que te
chingue más que la vida misma”.
Ese,
mi hermano, siempre la libraba, sin apuros pasaba todo, a medias, pero lo
pasaba para cumplirle a nuestra Santa, como le decimos. Mí jefe se largó cuando
yo nací y mí carnal nunca quiso parecerse a él.
Me acuerdo de chavo, cuando era un hermano
más cercano, me contaba quería irse a ver qué pasaba con el mundo restante, que
tenía que cruzar un océano, eso era viajar. Sentir si es tan jodido aquí como
en el resto del cielo, ver que tal pegaba el sol, como eran las nubes y los
arboles en otras curvas del mundo.
Lógicamente
que mientras estudiaba no le alcanzaba más que para eso.
Aunque él, siempre bien huevudo, menos
con las bendiciones de su mamá, en cuanto su culo se convirtió en papalote, se
la jugó para ver como conseguía juntarse unas monedas para irse, (desaparecer).
Y en un sistema, que solo cumple para tenernos vivos y sufrir la vida. Mí carnal
no encontró de otra que aplicarse al oficio lacra, lo tomaba como oficio porque
en un lugar tan olvidado por el dinero como el nuestro, por lo menos para hacer
un guardadito rápido, ser lacra invertía los papeles, como si el sistema estuviera diseñado para eso y librarla. De
vez en cuando me lo encontraba con partes de auto robadas, pedazos electrónicos
recargables que forman una ciudad.
Él
siempre decía que iba a vender chicles, pero no, vender pedazos de árbol
masticable no deja tanto como para que en seis mese tuviera ya todo listo y largarse.
Pasaron
cinco años…
Escaparme
me daba para visitar la ciudad, me lo encontré vagando y lo agarré.
Durante el camino de regreso a casa me
narró su viaje por allá, como es que se la pasó viviendo en la ciudad inglesa,
que dormía en los parques cagandose de frío hasta que consiguió un trabajo y
otros hermanos de nación lo recibieron para compartir la renta de un
departamento chiquito, entre otras varias historia llenas de idiomas diferentes
que tuvo que enseñarse a hablar ahuevo y una vida con la misma joda, pero bien
recompensada. Entonces cuando entramos al rancho, se le empezó a poner una cara
de tristeza y espanto cuando comenzó contarme de las diferencias que había
notado en su vida de pueblitos sin sol. Que a pesar del paso de cinco años,
aquí nada había cambiado, que parecía tenía que volver al mismo oficio con el
que se despidió, para poder ahora de menos ganarse la vida, ya ni para ahorrar.
Peor tantito cuando mi madre le contó
todo lo que nos habían robado un día, se metieron a la casa. Como es que ahora
nos daba miedo ir a la ciudad porque se agarraban a balazos y la vida ya no
parecía vida sino un juego al que teníamos que sobrevivir.
Dos días después de ambientarse a su
regreso a casa, fue cuando se quedó sin dormir, se la pasaba en su cuarto,
pegando fotos de un recuerdo que lo hacía soñar y despertar con las ganas de
desquitarse con alguien. Me dijo una noche, que el sueño lo atacaba con las imágenes de
una vida que no podría encontrar ahora en su hogar.
Aquel día me acompañó a reclamarle a Don
Ñeto, el de la tienda, que nos dejara más barato el kilo de frijol, se lo
agarró a golpes hasta arrancarle su peinado y deformarle la cara. Gritando a la
gente en la calle, que se podía y lo encerraron y él prefirió quedarse así,
para no desquitarse perturbando la vida que pareciera somos todos culpables.
Lo
detuvieron y lo metieron al hospital para locos en la ciudad, ya había gritado
mucho. Se agarraba mi carnal diciendo que hacía falta un cambió, que no era
posible ver como un sistema favoreciera los actos que a él lo llevaron a
conocer la vida de sus sueños xolosperroscholos…
Ahora hace pedacitos todas y cada una de
las fotos que le llevo cuando lo visito, para ver si logra olvidar y vivir en
la pesadilla que había dejado. Lo peor es que no sé lo que me toca hacer a mí,
debó buscar cambiarle el mundo a mi hermano o tratar de escapar de la pesadilla
que vive, para entonces ¿regresar y ver una peor? Ojala todo fuera un
sueño y pronto regresemos a nuestro bien
despertar juntos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario